En días pasados estuve caminando por El Cajas y recordé que, hace ya muchos años, cuando en Cuenca se hablaba del tema de “la Virgen”, llegué a la casa de Lizardo Guevara —donde hoy funciona el restaurante La Casa Vieja— y le pregunté:
—Don Lizardo, ¿es verdad que el sector de la Virgen es sagrado?
Él se quedó un instante en silencio y contestó:
—Todo lo que usted ve es sagrado; todo El Cajas es sagrado.
Y le respondí:
—Tiene razón.
Este lugar, al igual que todos los páramos, es digno de reverencia y de respeto absoluto. Emile Durkheim dice que lo sagrado representa todo aquello que la sociedad considera digno de veneración y que otorga sentido y poder al individuo.
Por su parte, Mircea Eliade define lo sagrado como una experiencia humana opuesta a lo profano, a lo cotidiano. Establece una diferencia entre lo profano y lo sagrado. Dice que lo sagrado no es inventado por el ser humano, sino que “se revela, se manifiesta”; es lo que él llama hierofanía: cuando algo común, como unas montañas —como El Cajas o los páramos—, se convierte en sagrado porque es cualitativamente distinto. El ser humano busca lo sagrado en una dimensión más real, y así da sentido a su propia vida.
Entonces, lo sagrado no solo se encuentra en las iglesias, sino en todo aquello que merece un respeto profundo, y puede hallarse en la propia naturaleza.
El silencio de las montañas, en la soledad del páramo con su cielo estrellado, en medio de un mundo que transcurre con prisa, con violencia y sin dignidad humana, nos revela lo sagrado. Cuando descubrimos que lo sagrado no exige perfección, sino que nos invita a actuar con respeto y responsabilidad, empezamos a cuidarlo con amor, porque así le damos valor.
El poeta Octavio Paz dice que lo sagrado “es una experiencia profunda de trascendencia”. Por eso afirma que la poesía rompe con la rutina al conectarnos con lo esencial, y sostiene que la sociedad moderna ha perdido la vivencia de lo sagrado porque ha racionalizado el mundo, olvidando las formas tradicionales de lo sagrado. Ahora tenemos que reencontrar El Cajas y los páramos en el mundo de lo sagrado. (O)









