Demanda y oferta de drogas

Cuando se habla del microtráfico de drogas como marihuana o cocaína, u otras más letales aún, suele asimilarse el problema desde el lado del expendio, no solo en las grandes ciudades; también en los pueblos más pequeños.

Son los estupefacientes que, al menudeo, se comercializan  a nivel de los consumidores.

Podría concluirse, entonces, que se ha multiplicado o triplicado ese mercado consumista.

Es obvio, si no hubiera tanta demanda, tampoco hubiera tanta oferta. Y dentro de ese panorama tan sombrío, diríase que hasta dantesco, las bandas delictivas se apoderan de ciertos territorios, en los cuales, según su lógica perversa, mandan, obligan y los defienden a sangre y fuego.

Haría pensar que la sociedad ecuatoriana va camino a convertirse en sociedad cocainómana, en otras palabras, narco dependiente, narco subsistente.

Aquellas son palabras mayores. Nadie lo duda, pero los caminos conducen hacía allá. Con esto, lo que ya es un problema de salud pública podría desbordarse.

La Policía Nacional lucha, en medio de sus limitaciones de toda índole, con los microtraficantes. ¿Pero qué hacen el Estado central, los gobiernos locales, el nivel educativo y, por supuesto, las familias, la sociedad en general, para enfrentar tan grave problema social?

Todos escuchan decir que alrededor de escuelas, colegios, universidades, mercados, parques, de centros de libación y de diversión, hasta entre las ventas informales, se mueve el microtráfico de formas inimaginables.

Y, claro, como lamentablemente ocurre en Cuenca, sobreviene la violencia protagonizada por bandas rivales, con guaridas para esconder armas, muchas de las cuales, tienen sus matrices en otras regiones, por lo general de la Costa.

La ciudad vive días de sicariatos a la carta, de zozobra; pero, insistimos, ¿será porque también es un buen mercado para los expendedores de drogas?

¿Qué está ocurriendo en Cuenca con su juventud, su niñez? ¿La están habitando los microtraficantes y otras personas de dudosa reputación y procedencia?

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO