No sé ustedes, pero en ocasiones por simple entretenimiento, en un momento de aburrimiento o de no tener nada mejor que hacer, escucho y comento sobre la vida y actividades de otras personas, incluso desconocidos, o pretendidos conocidos, por ejemplo: artistas, políticos, “influencers”, los hijos, hermanos, amigos de la amiga de una amiga de mi amiga, o sea de cualquiera.
Sin embargo, me resulta extremadamente molesto, invasivo e irrespetuoso, que nos veamos forzados a enterarnos de los negocios, las cuitas del trabajo, las peleas o reconciliaciones entre esposos, novios o amantes; el cómo se consiguió o se planea conseguir tal o cual cosa; escuchar música o cantantes que no nos gustan, noticias o augurios que no nos interesan o no queremos enterarnos, por el hecho de ingresar en el tranvía en el que alguien tiene su teléfono en altavoz, habla en altas voces o abusa del volumen del aparato, sin que le importemos en lo más mínimo los otros miembros del género humano que compartimos el transporte.
En las calles, parques, plazas, centros comerciales, pasa algo similar, con la ventaja de que ahí podemos alejarnos, no así en restaurantes, cafeterías, museos, etc. en los que también se nos martiriza.
Abogo por usar audífonos, hablar en voz baja o no hacerlo en espacios cerrados. Si en algún momento se lo sugiero, no se enoje ni me agreda; si me lo dice a mí prometo hacerle caso y disculparme por las molestias. (O)





