Una institución no es un edificio ni un logo: es la gente que la habita, la sueña y la sostiene. En estos 35 años, SENDAS ha sido, ante todo, un tejido de manos y voces: el equipo técnico —en todos los niveles— que planifica, facilita, investiga, comunica, administra, rinde cuentas y vuelve a empezar; y las personas de los territorios rurales e indígenas que nos abrieron su casa, su tiempo y su confianza para construir juntas y juntos, para enseñarme a ser mejor humana.
Hemos caminado con mujeres en todas las diversidades, con adolescentes y juventudes, con población LGBTI; con liderazgos comunitarios, juntas de agua, organizaciones sociales y gobiernos locales. Hemos hablado de derechos, de prevención de violencia, de salud sexual y reproductiva, de la eliminación del delito de aborto; hemos defendido el agua y la vida frente a la crisis climática; hemos puesto el cuidado en el centro, porque sin cuidado no hay justicia ni sostenibilidad.
Hoy celebro y agradezco. A quienes fundaron SENDAS y nos dejaron una brújula ética. A quienes la dirigieron con valentía. A quienes trabajaron y trabajan con rigor y ternura. Gracias por sostener coherencia y compromiso cuando el camino fue cuesta arriba. Cumplimos 35 años, sí; pero, sobre todo, seguimos haciendo camino con ustedes. Que esta memoria sea también convocatoria: a sumar alianzas, a cuidar a quienes cuidan y a sostener la esperanza organizada desde el Sur. (O)
mi.cordero@sendas.org.ec




