Hoy, en el mundo actual en el que vivimos, la forma obligada de viajar y de vivir, es necesariamente, con tarjeta de crédito. En el transporte público, en muchos lados, (metro, tranvía, autobús) ya no se acepta dinero físico, sino tan solo tarjeta de crédito; las entradas para acceder a museos, monumentos y sitios de espectáculos, de igual manera, y no digamos, en almacenes y supermercados, el dinero plástico es el requerimiento obligado en el mundo moderno; sin él, es casi imposible salir de casa y asumir ninguna actividad y peor, cuando se requiere planificar un viaje, dentro o fuera del país.
Es verdad que, desde la dimensión psicológica personal, el impacto que supone colocar una tarjeta en el dispositivo correspondiente, resulta mucho más fácil o menos comprometedor, en la disposición de quien la utiliza, que si esa persona extrae de su billetera el dinero necesario para realizar el pago que, muchas veces no será suficiente, como sí, la tarjeta de crédito permite pagos mayores que la disponibilidad de “cash” que tenga la persona. No obstante, usar la tarjeta de crédito, es más fácil y menos oneroso, a no ser, cuando llega el momento de cancelar esos valores gastados que, con frecuencia cuestan mucho cubrir su pago.
La verdad es que el mundo moderno exige la tenencia y uso de una o varias tarjetas para el desarrollo de la vida diaria y permite así facilitar las transacciones que deberán realizarse sin el riesgo que supone el portar el dinero físico.
¡El mundo de hoy, exige siempre una tarjeta de crédito! (O)









