Cuando la gente opina sobre temas diversos como, por ejemplo, los relacionados con las acciones gubernamentales para combatir la inseguridad en el territorio nacional, se presentan criterios diferentes. Algunos están de acuerdo con esas operaciones y, otros, las critican. Estos últimos, consideran que el uso exclusivo de la fuerza es insuficiente, porque las condiciones sociales en las cuales el delito se fragua y después se comete, continúan siendo las mismas. No se pueden esperar cambios sustanciales, si es que se mantienen las mismas características que permitieron el surgimiento de la inseguridad.
La misma perspectiva puede aplicarse a otros aspectos de la vida cotidiana, en el mundo y en nuestra ciudad. Si nos aproximamos a uno de los temas que generan preocupación y opinión en Cuenca, el tránsito en la ciudad, podemos utilizar el mismo enfoque, esto es que, para mejorar las condiciones de circulación automotriz y peatonal en la urbe, no solamente debemos considerar la aplicación de la normativa existente y sancionar a los infractores, sino que podríamos pensar en incidir en las circunstancias que definen a ese escenario.
Algunos columnistas de opinión, en este mismo diario, como Eduardo Sánchez, se han pronunciado sobre el tema. “… Se ha incrementado el número de accidentes, de muertes y contusos… infractores de la ley, que invaden vía, suben a aceras, exceden velocidad permitida, choferes ebrios, no usan luces direccionales…”. Estas frases dan cuenta de un grave problema que requeriría de un tratamiento amplio, en el cual además de las sanciones por el incumplimiento de la normativa, se implementen procesos sostenidos de formación cívica, en este caso, relacionada con el tránsito vehicular.
El menosprecio a la normativa vigente forma parte de la realidad cotidiana. Frente a esa situación, se generan una serie de acciones de parte de las autoridades competentes, que tienen como objetivo controlar el respeto a la normativa y, como es obvio, aplicar sanciones cuando se conduce en condiciones contrarias a las exigidas y autorizadas por las leyes correspondientes.
Además de aquello, debemos incidir en las circunstancias que conforman el fenómeno de irrespeto en el tránsito. La educación vial, es uno de los elementos más importantes en esta situación. La educación cívica, no se agota con la transmisión aislada de contenidos, es preciso que esa tarea sea asumida como un proceso complejo, continuo y permanente. Este tipo de acciones, entre nosotros no se dan y es una grave carencia que la debemos subsanar. (O)





