Hoy escribo sobre un arte distinto al habitual en cuanto a su apreciación estética. Artes marciales. Me pregunto por qué están bajo esta palabra cuando la música, la pintura, la danza, expresan creatividad, son apreciables por el público, comunican o transmiten algo, hay una vía de conexión entre una sensibilidad y otra. Es una creación humana, involucra sentimientos, emociones, habilidades que se plasman o interpretan en una exposición, o presentación. Pareciera que estas cualidades no aplican a las artes de combate.
Arte proviene del latín ars que significa destreza y su equivalente en griego es techne=técnica. El diccionario de la Real Academia Española dice en una de sus acepciones: …crear obras que […] produzcan estimulación estética o intelectual. Arte marcial es: Cada una de las técnicas de lucha, ataque y defensa personal [.]. Ambos requieren concentración, ningún trazo es igual al otro en pintura, así como ningún movimiento de transición o sumisión es idéntico entre los luchadores. El Jiu-Jitsu brasileño se enfoca en el combate cuerpo a cuerpo, sin armas, habitualmente llevando la lucha al piso para controlar al oponente. Pero hay más. Genera disciplina auténtica al cumplir con las prácticas y se nota el control mental ante el peligro. Se reconoce hasta dónde llegar, qué estrategia emplear, pensar, pensar mucho y rápido para actuar. Entonces, hay técnica, habilidad, y se estimula la resolución de situaciones con creatividad ejecutando patrones aprendidos que no son ciencia porque no se trata de codificaciones que se repiten o predicen un resultado.
Pero lo que realmente quiero compartir es lo que dijo el maestro de Jiu-jitsu de mi hijo dijo a sus estudiantes en su graduación y ascensos: “Recibir un nuevo cinturón no significa que viene con poderes y de pronto mañana somos más fuertes. Más bien es como recibir una vasija vacía, porque llegar a un nuevo nivel, te pide que vuelvas a llenarla con más aprendizaje.” Y ahí también está el poder artístico de la humildad, pues ningún artista soberbio trascendió. La simple vasija denota un paso de arte: se creó su molde. Una vasija vacía, nos da el espacio y la motivación a seguirla pintando y rellenando y en el siguiente ascenso, volver a empezar. Es ampliar las arcas al conocimiento y a un mayor control mental. (O)






