Las medidas económicas de Noboa no son neutras: tienen rostro de mujer. Imponer el 15% de IVA a más de 60 alimentos básicos, mientras se condonan impuestos y se favorece a grandes empresas privadas, profundiza una lógica neoliberal que castiga a quienes sostienen la vida. Cuando sube la comida, no solo sube el precio de la canasta, aumenta también la presión sobre las mujeres, que en la práctica siguen siendo las principales responsables de cuidar, alimentar, administrar el hogar y contener emocionalmente a sus familias.
Desde la economía feminista y la del cuidado, esto es evidente: el ajuste no se queda en las cifras macroeconómicas, se traslada a la cocina, al mercado, al cuerpo y a la mente de las mujeres. Son ellas quienes deben hacer rendir menos dinero, reemplazar alimentos, soportar la angustia de no alcanzar y seguir cuidando incluso en medio del agotamiento. Esa sobrecarga no es solo material; es la sobrecarga invisible de pensar, anticipar, recordar, organizar, prever riesgos, administrar la escasez y sostener emocionalmente a otras personas.
Encarecer la vida y aliviar a los de arriba no es eficiencia económica. Es violencia económica y patriarcal. Porque el Estado descarga sobre el trabajo no remunerado de mujeres el costo de una crisis que no provocaron y luego las deja solas frente a la culpa, la fatiga y la incertidumbre diaria. (O)
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