El aura puede interpretarse como una creencia espiritual o como una influencia emocional y energética del interior del cuerpo, lo que nos lleva a cuidar el bienestar interior. Se la define como un campo energético del cuerpo, y algunos monjes espiritualistas y esotéricos sostienen que esta energía manifiesta nuestro estado emocional y físico, aunque muy pocos pueden ver esa luz que se refleja alrededor del cuerpo. Cada color tiene un significado propio; así, por ejemplo, el verde se relaciona con el equilibrio, el azul con la calma y el rojo con la energía.
El aura vendría a ser el reflejo de la comunicación de nuestra energía, es decir, de lo que somos, y nos invita a reflexionar sobre aquella energía que transmitimos. De este modo, se puede percibir, aunque no siempre, que algunas personas transmiten paz, mientras que otras transmiten desagrado o “mala vibra”. El aura, entonces, nos llama a cuidar la salud emocional y mental y a rodearnos de un buen ambiente, reflejo de nuestra alma.
El aura, que de manera general no se ve, muchas veces se siente con el corazón. Los monjes y esoteristas afirman que el aura es como un espejo del interior; por eso, cuando estamos en armonía y en paz con nosotros mismos, el aura está radiante. Por el contrario, cuando atravesamos conflictos, esa energía se apaga y ese espejo se vuelve borroso. El aura, que está en constante transformación, nos invita a trabajar en el crecimiento interior.
Por lo tanto, hay que cultivar el aura espiritual con conciencia y conexión con nuestro ser interior, mediante la meditación, el perdón y la gratitud. El aura nos recuerda que somos más que un cuerpo físico y que debemos cuidarla a través de nuestros sentimientos para vivir de mejor manera. También se puede pensar en la bioelectricidad, que es la energía eléctrica que genera el cuerpo humano, ya que el cerebro, el corazón y el pensamiento producen pequeñas corrientes eléctricas que viajan por el organismo, las cuales se relacionan con el aura espiritual. (O)










