Las universidades públicas y privadas deben fomentar el humanismo, la ética y valores que deben practicar quienes pasan por sus aulas. En esta desmedida búsqueda de supuestamente mejorar la técnica o especialidad, no se trata de acumular cartones académicos por cualquier medio.
Se trata de encontrar ese punto de convergencia entre la práctica y la virtuosidad, que, para Aristóteles, su cultivo y desarrollo, permite llegar a la plenitud humana. El coraje, la templanza, la sabiduría en los estudiantes, y luego en los profesionales es definitivamente el camino para encontrar la transparencia y honestidad en los actos privados y públicos.
Dos hechos especiales ocurrieron esta semana: la conmemoración del día del libro, en estos tiempos, huraño y pasajero para la juventud, fue satisfactorio encontrar a muchos “luchadores” de oficio, tratando de recuperar para la sociedad el amor por la lectura crítica y sana. De nada sirve el desarrollo de las habilidades técnicas, que se pueden aprender con más o menos empeño, si no hay soporte de las personales sostenidas en los seres humanos no como recursos, sino validados por su talento, el suficiente para desafiar los vericuetos que pueden llevarnos a tomar decisiones erradas. Debemos insistir, no habrá paz emocional, ni aun teniendo un gran acervo de conocimiento técnico, si detrás de cada acción existe la mentira, la estrategia de buscar el poder a través de mañas cercanas a la denigración e insultos, practicados por algunos gerentes generales, pero, sobre todo, políticos que llegan a ocupar cargos de elección popular.
En la búsqueda para alcanzar un verdadero liderazgo en la sociedad, me cupo asistir a la ceremonia de graduación de la Maestría en Derecho de la Empresa, la cual impartió la Universidad Andina Simón Bolívar, institución académica de nuevo tipo y baluarte de la investigación en Ecuador. En el acto de presentación, mencionaron las autoridades la necesidad de fortalecer al humanismo como característica central de formación del hombre, a la capacidad de ser inclusivos para identificar a personas con capacidades diferentes y darles las oportunidades de educación y empleo necesarios para que puedan integrarse de manera adecuada a la realidad de la época.
También a comprender los desafíos del siglo XXI y sus varios tópicos: el fortalecimiento de los conceptos de liderazgo en los estudiantes, maestros, profesionales y educadores, que busquen salir de los cuadrantes de entrampamiento prolongado como decían Blake & Mouton, cuando se pasa de los extremos paternalistas a los autocráticos, o la cómoda sensación del dejar hacer, dejar pasar. Una formación integral para combinar la satisfacción de la gente con la productividad de las instituciones, gobiernos o empresas es el camino más acertado para encontrar el equilibrio. Las “cazadores” de talento humano, y los electores que tenemos la oportunidad de encontrar o elegir personas equilibradas, cargamos la gran responsabilidad de escoger a quienes verdaderamente contribuyan a la mejora integral de la sociedad. (O)






