“La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales”, recordaba John Rawls, y esa premisa cobra especial relevancia tras la cita y designación de Mercedes Caicedo al frente del Consejo de la Judicatura. Su mensaje inicial no solo delimita un estilo de gestión, sino que plantea una hoja de ruta centrada en principios: la toga como límite, la ley como guía y la verdad como horizonte.
En un contexto donde la ciudadanía demanda mayor confianza en las instituciones, su enfoque abre una oportunidad para consolidar una justicia más cercana, transparente y eficiente. La independencia judicial, entendida como garantía de derechos y no como privilegio corporativo, requiere acciones sostenidas: procesos de selección basados en mérito, formación continua con enfoque en derechos humanos y mecanismos claros de rendición de cuentas.
El énfasis de Caicedo en rechazar cualquier forma de presión o intermediación indebida es particularmente relevante. Este tipo de señales contribuyen a fortalecer la cultura institucional y a reafirmar que la justicia debe operar bajo reglas claras y equitativas para todos.
El simbolismo en el nombramiento es el desafío para plasmar estos principios en prácticas concretas. La construcción de una justicia independiente es un proceso continuo que demanda coherencia, liderazgo y compromiso. Hoy, esa expectativa se proyecta como una oportunidad para avanzar hacia un sistema judicial más sólido, legítimo y al servicio de la sociedad ecuatoriana. (O)
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