Buenas maneras

Hoy, organizando algunos libros de mi rincón de lectura, me encontré con un pequeño texto titulado Buenas Maneras. Hacía tiempo que buscaba referirme a los modales presentes en la actualidad y los que se añoran siempre como ofrecer una disculpa cuando sin querer rozamos a alguien en la calle, brindar una mano a otra persona sin importar su edad, para bajar escalones, y más aún si se trata de una dama usando tacos. Todavía cautiva que un caballero abra la puerta de un vehículo o de la entrada a un restaurante o cualquier otro lugar para que pase primero una madre con su niño en brazos, aquel abuelito que, aunque desconocemos, su mera presencia requiere respeto, o la niña que tierna en juicio, reconoce la delicadeza. Hay entonces un entramado social, ya sea bajo comunidad, o cualquier entorno que nos contiene. 

Pensé leer un listado de formas de comportarse, pero no. Los primeros capítulos se enfocan en reflexionar sobre nuestros deberes con la sociedad, especialmente con los padres. A los años llega a mí un escrito que evidencia tan directamente la labor que han hecho nuestros padres por nosotros: los primeros cuidados y sacrificios de tiempo, vida social, sueño. Nuestras vidas estuvieron en sus manos, requiriendo un cuidado único, atento, desinteresado y constante. Nos entregaron su conocimiento y creencia, formándonos como personas. Procuraron la mejor educación posible para nuestro enriquecimiento intelectual. Pagaron todo cuanto necesitamos, alimentación, vestido, vivienda y también el merecido esparcimiento. Son el amigo sincero, la confidente fiel. Todo, pensando en sus hijos.

Se lee brusco que el autor exprese “cuando el peso de la vejez los abrume, recordemos cuánto les debemos.” Honrarlos, respetarlos, endulzarlos. De hecho, en la última visita del Papa León XIV a España, respondió a la pregunta de un niño – ¿Por qué hay tantos abuelos solos si son tan importantes? – El Papa exaltó que al amor se responde con amor y que, así como nos cuidaron, nos corresponde cuidarlos también. Pide que no se normalice la soledad y el abandono a los adultos mayores. Abrir nuestro corazón a ellos, permitirles sentirse acompañados, alejar el desierto de ellos, sin duda estarán siempre entre las buenas maneras de vivir, cada uno y en sociedad. Gratitud, la más importante virtud. (O)

Lcda. Estefani Chalco

Lcda. Estefani Chalco

Magister en Gestión Cultural, Licenciada en Estudios Internacionales y Comercio Exterior. Ha ejercido funciones en el sector público y privado ante organismos internacionales. Gestora de proyectos sociales.