¡Qué padres, tan padres!

Sabido es que ningún ser humano tiene a su alcance un manual que enseñe a ser padre o madre, palabras comunes en el medio, pero que tienen una connotación muy relevante en el concepto y construcción de familia.

Son la vida, los años, las vivencias, las experiencias únicas e irrepetibles y el paso del tiempo los que forjan a cada individuo como padre o madre.

Los que somos de mi época, año 1983, sabemos bien lo que significó tener padres más exigentes, más presentes. Los de mi generación sabemos bien lo que es la necesidad. No hablo de pobreza, sino más bien del temple y la fuerza para conseguir las cosas, bienes, permisos y triunfos. No pertenecemos a aquellos que abren sus boquitas y reciben a manos llenas y, aun así, nada les es suficiente. Pertenecemos a hogares donde nuestros progenitores, en su mayoría los varones, eran los responsables del sustento económico. Y las madres —cuidadoras de la vida— las responsables de la crianza y del crecimiento físico y emocional de los hijos.

Plausible el trabajo de papá y mamá. El reconocimiento a papá por estar varias horas de pie trabajando, produciendo y cubriendo los gastos de la casa. Y a mamá por la paciencia y, pese a la falta de metodología, enseñarnos a su forma cada tarea escolar. Aunque por separado, ambos, sin palabras, nos dejaron claro un mensaje: ser responsables y perseverantes.

Transcurridos 42 años, somos padres y contamos con metodologías mucho más modernas para criar. Los amamos con delirio, al igual que lo hicieron nuestros progenitores, solo que ahora nos tiembla la mano para castigarlos. Los hacemos tan frágiles que queremos cubrirlos como cristales. La vida les resulta mucho más fácil; por eso, no pueden enfrentar las frustraciones, la pérdida y todos los conflictos que nos pone la vida para crecer y trascender.

Nótese que los padres actuales, en su mayoría, trabajan: papá y mamá. Ambos sostienen la economía del hogar porque las exigencias de la modernidad cuestan. Entonces, hay familias donde los hijos tienen dinero, pero no el tiempo y la atención de los padres. Otros tienen tiempo de calidad, que les sirve para estar felices. De todo mismo hay en la viña del Señor: unos que no tienen mucho, pero son gratos y gozosos; otros, llenos de comodidades, pero para quienes nada será suficiente.

Quizá nuestros padres no fueron perfectos, como tampoco lo seremos nosotros. Nos enseñaron que criar hijos es un acto de amor, esfuerzo y sacrificio. Ahora nos toca tomar la posta y procurar que nuestros retoños crezcan con valores, fortaleza y humanidad. El futuro no dependerá de generaciones de cristal ni de hierro, sino de la calidad de padres que decidamos ser hoy. Y de esa versión solo pueden hablar quienes nos conocen sin filtros: los hijos. (O)

Lcda. Karina López

Lcda. Karina López

Comunicadora Social y escritora. Autora de una novela corta y colaboradora en libros colectivos. Combina la creación literaria con el periodismo. Fue periodista en Grullamerluc.