La muerte es parte del ciclo vital, constituye un giro del tiempo hacia la eternidad, no es lo opuesto a la vida, sino que es parte de ella. Vivir en los corazones de los que quedan atrás, no es morir; más preocupante que la muerte ¡es no saber vivir! Reciban en este día especial, mi sincero homenaje, todos los padres que se adelantaron en el camino, que para nosotros no murieron, ya que todos los días viven impregnados en la memoria de nuestros recuerdos y en las fibras más íntimas de nuestro corazón; siempre les pensamos con imperecedera gratitud y cariño, y convivimos a diario con sus ejemplos de amor, comprensión, sacrificio y honestidad.
Papá BETO, sin duda que tu imagen permanece hilvanada en los hilos de mi nostalgia; es que tu ejemplo y tus enseñanzas están latentes en lo más profundo de mi ser; jamás podemos olvidar ese arquetipo que tú nos legaste como sabia herencia: cumplir con honestidad y responsabilidad nuestras labores, ser solidario con el prójimo, reconocer que las acciones espirituales son valiosas y complacen más que los bienes materiales; siempre nos inculcaste que se debe tratar más con el “ser” y no con el “tener”. Nos enseñaste a abrir las alas, a soñar y a volar, es por eso que, en cada sueño, en cada vuelo y en cada día de mi vida, llevo conmigo tu imagen y la huella del camino que nos trazaste, porque los otros seres humanos no soñarán mi sueño, no volarán mi vuelo, ni vivirán los días que Yo vivo. Nunca dejaré de valorar tu abnegación y tu esfuerzo realizado para que Yo llegue a cumplir con mis metas y objetivos, ya que tu inmenso corazón no tenía límites ni fronteras. Es que nos guiaste a ser felices con poco o con nada, luchaste estoicamente y sin tregua, frente a las adversidades del destino y de tu crónica enfermedad, entregándonos siempre tu alma diáfana y noble, así como tu corazón de sonido puro, a más de tus risas amplias, francas y generosas, de las cuales tenemos el más sublime recuerdo. Con todo amor, admiración y respeto, en honor a tu memoria, todos tus hijos tes decimos GRACIAS, por recorrer juntos parte de nuestro camino, ¡y por ser la luz que siempre brillará en el cielo y en nuestros corazones! (O)




