En el país real, nuestros equipos, algo más de 230 entre nacionales, provincianos, parroquiales y “recintanos”, se aprestan a jugar el Mundial Electoral, aunque se duda de si son elecciones o solamente votaciones.
Tienen sus propios “egas y becaceces” para armar sus mejores “onces”, integrar un verdadero “banco” de alternos e intentar ganar las varias copas, no las que entregan las “fifas”, sino las mazas de carne y hueso.
Se los ve apurados y desesperados, seleccionando a los mejores delanteros, o sea a los 9 con olfato de gol, pero que los metan; a los mejores 5 para armar las jugadas; a los volantes de contención para que frenen, aunque sea con faul, a los rivales; a los mejores defensas, que no solo defiendan, que también ataquen por las bandas, metiendo “centros llovidos”, “dando asistencias”, “mordiendo el área”; a los mejores arqueros, que no solo impidan los goles rivales, también que “salgan jugando”.
Están en pleno proceso de contratación, ofreciendo primas y sobrinas; comprando pases a cambio de millonadas; hasta maridándose entre sí para formar equipos competitivos, cuando menos que el gol diferencia les salve de la eliminación.
Hay jugadores, incluso que solo porque han visto fútbol por la TV, que opinan hasta de lo inopinable, quieren ser contratados, dícese que hasta poniendo unos cuantos verdes encima.
Los equipos, la mayoría que de equipos no tienen nada, excepto su dueño y unos pocos peloteros, deben participar al ritmo que les impone su propia, digamos que Agencia o Consejo.
Dicen que esa Agencia ya tendría lista a la selección ganadora del Mundial. La han visto inclinar cancha y reglas a favor de ese once, aún sabiendo que jugará hasta de manera ubicua, más que nada porque mete miedo y compra a la hinchada con chicha y limonada.
A un jugador que se perfilaba como potencial ganador de uno de los tantos premios en disputa, esa Agencia le ha cambiado de cancha.
A otros, asimismo con posibilidades de volver a meter goles, utilizando sus propios árbitros los ha dejado fuera del Mundial, sea que suspendiéndolos, enviándolos a la cárcel o indagándolos hasta por las presuntas pulgas que cargan. Les sacó tarjeta roja o amarilla antes de salir a la cancha o de que tapen la boca con sus camisetas.
Los equipos de tan macondiano Mundial, contrario al que se juega en Disney y Sinaloa, se sabrán ganadores o perdedores en partidos a jugarse en un solo día. No tendrán tiempo ni para hidratarse.
Los perdedores, los que no inflan las redes, serían apedreados verbalmente, digitalmente, como hacen con el Enner, con el “becacece” y otros eses; fulanos y menganos. (O)




