Transgresoras, liberales y sin corsets, las flappers cambiaron la forma de vestir a través de gestos singulares como pintarse las rodillas, hasta entonces ocultas por capas de tela y encaje. Las modas que parecían borradas de las páginas de la historia, vuelven a nuestros días convertidas en tendencia: ropa holgada y cómoda que se estilaba en los años 20, la década que bailaba al ritmo del jazz.
Fue una época definida por la extraordinaria prosperidad económica, especialmente en Estados Unidos. Acabada la Primera Guerra Mundial, la industria se incrementó, el consumo se disparó y surgió una nueva clase media que quería comerse el mundo. Era un período en el que el ocio, la tecnología y la cultura cambiaron por completo la cotidianidad.
De raíces afroamericanas, el jazz se convirtió en la banda sonora de esta generación encarnando la modernidad y la libertad. No obstante, esta época de esplendor fue pasajera: el 24 de octubre de 1929, la vertiginosa caída de la bolsa de valores daría inicio a la Gran Depresión que pondría fin a los años dorados.
En medio de este ambiente surgieron las flappers; jóvenes que rompieron los roles tradicionales reservados sólo para mujeres. Perseguían disfrutar el presente, sin preocuparse demasiado por el futuro. Tenían una visión hedonista de la vida. Esa nueva forma de ver el mundo se reflejó en maquillajes recargados, lentejuelas y plumas, cabellos cortos hasta la nuca y ropa floja y cómoda. La actitud también las caracterizaba: conducían, fumaban, bebían, practicaban deportes y frecuentaban clubes nocturnos. No escondían su rebeldía, la exhibían con orgullo.
Aunque hoy pueda parecer una anécdota anodina, en aquel entonces, pintarse las rodillas fue un gesto provocativo. Apareció a partir de una campaña publicitaria en el que las faldas se acortaban hasta el punto de mostrar las rodillas que habían permanecido ocultas durante décadas. Las medias incómodas, altas y nada prácticas fueron reemplazadas por unas a la altura de los tobillos.
Algunas mujeres se pintaban las rodillas con acuarelas; mientras que las de las clases acomodadas encargaban estas decoraciones a artistas profesionales. Las flappers exhibieron un espíritu de ruptura, cambio y libertad. Representaron aquella época en la que pintarse las rodillas fue más que una tendencia: fue una revolución llena de euforia y autenticidad. (O)





