Hace poco más de 50 años el Papa Paulo VI, en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (evangelizar un mundo en cambio), señaló que “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio.”
Lo manifestado en su momento por el Pontífice, me pareció pertinente traer a colación y tenerlo presente al momento de decidir a quién confiaremos nuestro voto.
Abstrayéndonos del contexto religioso y extrapolando lo dicho al ámbito de la convivencia social, aterra pensar que transcurrido medio siglo parecería que el testimonio, la historia de vida de los individuos, el ejemplo, poco importan, la mayoría decide su apoyo porque le gusta lo que le ofrecen, o porque un caudillo lo proclama, sin reparar en la coherencia, honestidad y capacidad de quien se postula.
Aterra también pensar que los candidatos en ciernes, poco o nada puedan enseñar y menos testimoniar con su vida y ejecutorias.
Hay que hacer esfuerzos por no perder el optimismo, pero quizá vamos de mal a peor, pues parece que en el mejor de los casos tendremos que esforzarnos en rescatar elementos positivos de quienes compitan en la lid electoral.(O)




