Las cosas tienen nombre y apellido. Mejor dicho, hay que llamarlas por su nombre y apellido. El mundo, el país enfrentan el mismo problema: la pérdida de sustantivos y han caído en reflexiones bajitas, sencillitas, por encimita. La profundidad es sinónimo de retrógrada y este tiempo de: opositor.
Seamos serios. Desde la Ciencia Política se han realizado varios estudios (los estudios sirven para entender un sistema, modificarlo o no repetir un hecho histórico indebido) sobre las formas en las que va mutando una democracia, un sistema o forma de gobierno, hasta llegar a poner en peligro su integridad o esencia, o incluso desaparecer.
Sostengo que las cosas deben llamarse por su nombre y apellido, porque cuando se esconde mucho en adjetivos o caracterizaciones que disfrazan el concepto, caemos en el grave error de la pérdida de sustantivos. En el vaciamiento.
Entonces, un régimen puede ser usurpador, en estricto sentido, o de facto. También se han descrito gobiernos que llegan al poder a través de instituciones amañadas; lo llamamos autoritarismo competitivo. Igualmente, hay otras categorías, como el gobierno de fachada institucional, cuando se vacía el funcionamiento de las instituciones. O, por ejemplo, el de excepcionalidad normativa, cuando gusta mucho gobernar con estados de excepción y baja seguridad jurídica.
La tesis del pluralismo limitado que construye Nohlen, por ejemplo, sostiene que hoy los gobiernos, desde el poder, a diferencia de los totalitarismos, no eliminan la oposición, pero la controlan, condicionan y asfixian. También hay los regímenes de partido único, los de partido hegemónico o las comunes autocracias. Esto se estudia. Inclusive existen quienes medimos el rendimiento institucional desde un hiperpresidencialismo a la ecuatoriana constitucionalmente diseñado.
En fin. Las dictaduras modernas no son con tanquetas y ejército en las calles. ¿Cómo va a pensarse que eso puede suceder con regularidad hoy, en la época de la foto, TikTok e Instagram? Desde hace siglos de análisis y también desde finales del anterior (pueden leer a Borja), ya se analizó que hay expresiones del poder que no son idénticas a Hitler o Mussolini, ni llevan una bandera roja con símbolos para llamarse dictadura. Para que se comprenda mejor, así como hoy ya no existen carrozas para transportar personas, las personas se siguen transportando (de otras formas). Entonces, hoy tampoco existen las dictaduras de los años 80, pero sí otras que pueden estar, digamos, un poquito camufladas. (O)
@jchalco




