A pesar de los datos de los voceros del gobierno nacional, en los que afirman que, en el primer trimestre del 2026, el país muestra una reducción de homicidios que llega al 11 %, en comparación con el mismo período en el año 2025, no podemos celebrar victoria, ni peor menospreciar que el promedio de muertes por día ha sido de 23 homicidios, de enero a junio de este año, lo que sumado acumula 4154 homicidios, durante los primeros 6 meses. Estas muertes fueron cometidas en más del 90 % con armas de fuego, lo cual determina y demuestra que el tráfico de armas es un factor estructural de la gran violencia que estamos soportando a nivel nacional. Además debemos reconocer como un récord, el número de homicidios de menores de edad, que este primer semestre del año contabilizó 305 homicidios de niños, niñas y adolescentes, representando la cifra más alta de homicidios en estas edades, en lo que va del año; siendo la principal causa de muerte de estos niños, los homicidios intencionales, por lo que deducimos que los niños y adolescente ya no son víctimas indirectas, sino se han convertido en objetivos directos de los grupos de delincuencia organizada, que manejan las drogas, el narco tráfico y la minería ilegal; desgraciadamente en estos últimos años se ha constatado que, la vinculación de menores con los grupos criminales tiene una tendencia cada vez más frecuente. Más del 90 % de los homicidios de menores se produjo en la costa del país, donde existen zonas de alta violencia y peligrosidad, ya que allí abundan rutas muy utilizadas por los narcotraficantes para sacar droga a estados Unidos y Europa. Ante esta crisis de inseguridad y de delincuencia incontrolable, los menores de edad deben ser la primera prioridad de protección y de atención del gobierno central, por lo tanto, las políticas de acción de seguridad, que hasta ahora no dan los resultados esperados, deben complementarse con una agenda de gran contenido estructural y social para estos adolescentes, que por falta de trabajo y de su precario sustento económico, son cada vez más presa fácil de la delincuencia. Ojalá el presidente y sus ministros con decisión y valentía, cambien su hoja de ruta, ¡en busca de la paz y la tranquilidad de los ecuatorianos! (O)








