Hace un año la ciudadanía copó algunas de las grandes avenidas de la ciudad, con un solo propósito, exigir que se eliminaran las concesiones mineras en nuestras altas montañas donde nacen los ríos de Cuenca. Hay quienes dicen que fueron hasta cien mil los que se autoconvocaron para el evento. Ciertamente los cuencanos consideramos al agua como nuestro principal tesoro y nos enorgullece saber que el líquido vital del que disponemos, es catalogado como uno de los mejores de Latinoamérica. Este suceso llamó la atención no únicamente por el número de personas y la capacidad de reunión, si no porque fue una especie de termómetro de la cabida que puede tener en el corazón y en la mente de miles de personas una sola idea que, sea capaz de tal cohesión social. Por supuesto que, hubo también la infiltración política y ciertos grupos con su ideología que aprovechando la coyuntura influyeron en el imaginario ciudadano, en especial en la juventud. Hoy insisten en su cometido. No queremos ahondar en ese tema, porque es asunto de otros escenarios. Queremos más bien recordar al Dr. Masaru Emoto, estudioso japonés (Yokohama) conocido por sus afirmaciones de que las palabras, oraciones, sonidos y pensamientos dirigidos hacia un volumen de agua influirían sobre la forma de los cristales de hielo obtenidos del mismo. Reveló los cambios que surgen cuando se dirigen al agua, ciertas expresiones verbales específicas, con una infinidad de experimentos, difundidos en conferencias y con algunas publicaciones. La teoría de Emoto es que, el agua tiene la capacidad de almacenar información sobre las sustancias con las que ha estado en contacto, inclusive después de que esas sustancias ya no estén presentes, adicionalmente por supuesto, las intenciones del ser humano o de miles, como el caso en mención. (O)




