Quemen este escrito

Entonces, el poeta del asfalto y el aerosol, el puño cerrado sobre una plumilla despedazada, dijo: Quemen este escrito después de leerlo, porque negaré su autoría en el mismo instante en que termine de escribirlo. O mejor aún, deténgase ahora mismo, porque lo que viene no es un artículo, ni un ensayo, ni siquiera un manifiesto. Lo que viene es un grito descarnado, un manotazo en la oscuridad. Un espasmo al borde de un abismo, en el que la sociedad, líquida e inmaterial, comienza a ahogarse en medio de un bostezo existencial interminable.

Necesito escapar del invernadero. Necesito desaparecer antes de comenzar a disolverme en mi propia vacuidad. No puedo más. No sigo más. Todo lo que me rodea me agrede o me enferma. Necesito fugar, necesito huir de la distopía que nos domestica, que nos convierte en robots, en bestias de carga, en códigos de barras, en clics, en insumos de esta maquinaria aberrante, imparable, aterradora. He llegado a la conclusión de que no pertenezco aquí, de que no sirvo para esto, de que me estoy volviendo invisible, inmaterial.  Sí, lo sé: las reglas mandan y el sistema prescribe buscar lo constante, el trabajo estable, el amor constante, la casa, el auto, las normas de la gente de bien. Todos buscan volverse normales, previsibles. Todos buscan construir su rutina; yo quiero dinamitarla.

Necesito que cada día y cada hora sean distintos. Amo con locura las primeras veces. El primer beso, el primer tacto sobre la piel, el primer sorbo, el primer momento de distorsión, la primera vez de algo, de cualquier cosa, de todas las cosas. Necesito mantener vivo el instinto del cazador, la anticipación, la respiración agitada, la adrenalina y ese escalofrío siniestro que recorre el cuerpo justo antes de abanicar el primer golpe y arremeter contra el vacío. Necesito esa sensación. Soy un adicto.

Detesto la normalidad. Detesto la quietud del amor previsible, la cortesía disfrazada de amistad, el trabajo programado y la repetición monótona. Busco un amor telúrico, tierno hasta el ridículo, brutal, incomprensible. Quiero amistades inconvenientes, capaces de consumirte, leales hasta lo irracional. No hay otra forma de vivir, al menos no de verdad… (O)

@andresugaldev

Dr. Andrés Ugalde

Dr. Andrés Ugalde

Analista político y económico. Fue Director Provincial de Desarrollo Económico y Concejal Urbano. Actualmente es Director de la Carrera de Ciencias Políticas y Gobernanza en la Universidad Católica de Cuenca