El mundo exige el retorno de sustantivos. De un sentido de vida. En donde prime lo que debe importar: el respeto, la cordialidad, la visión, la posibilidad de abrazar y unir, de sentir, de escuchar y de dialogar. De amar. De transitar desde una mirada limitativa y hostil a otra, profunda y coherente. Que viva. Que multiplique. Que cuide.
No tiene sentido el vértigo que anula. El mundo requiere un sentido humano. Las organizaciones sociales deben retornar a la búsqueda de principios, de un valor sustancial sobre la consideración y cuidado de la vida, de las personas, de la naturaleza y del planeta. No hay otra forma posible.
Para este fin hay que tener la sensibilidad suficiente de identificar, orientar y mirar con profundidad, con sentido, con la verdad, con primar lo superior y lo deseable. Pero jamás lo deseable puede ser dañar; exclusivamente tiene que ser construir, mejorar, buscar lo infinito y posible, lo posible e infinito.
Es un tiempo de profunda búsqueda por el alma, la flor y el sol. La llama viva no debe estar al horizonte, sino en frente, cerca, aquí, juntos. En donde pueda producir una transformación, una decisión, una virtud, una realidad, un cambio y camino. Felicidad y futuro. Si se quiere, un futuro que traiga felicidad. Seamos serios: es más que palabras, es más que una mirada, es una acción, es un sentido de vida.
¡Viva la vida! (O)
@jchalco





