Cómo colorear un país donde El Niño, ni bien asoma gateando, ya desborda ríos, causa inundaciones, daña vías, y cientos de familias, colchón en mano, buscan refugio.
Qué será cuando se ponga de pie y con toda su fuerza demuestre su poderío, desafíe a los “comités de crisis”, a las declaraciones de emergencia, a los planes de contingencia, a las ayudas humanitarias y no tan humanitarias, porque pueda que vengan con condumio electoral.
Qué será si cuando ya resuelva irse, le deje revelando a ese país que nunca estuvo preparado para enfrentarle, si bien sus dueños de turno decían que estaban preparándose, que pidieron a otros prepararse, tanto que hasta decidieron adelantar las votaciones, no las elecciones.
Cómo pintar un país acechado por los apagones; donde, mientras se hace bendecir perros, gatos y zarigüeyas, y la iglesia católica se presta para estas frivolidades, aunque parezcan piadosas, se implora a San Pedro para que abra la llave en las cuencas hídricas donde están las centrales hidroeléctricas que de sed se secan.
Mientras en el Litoral, El Niño hace sus primeras travesuras, por estos lares donde están esas centrales los ríos languidecen, el sol asienta y las represas son a un pez sacado vivo y echado a la arena.
Qué color cabe si en medio de la desesperación se exige a los grandes consumidores de energía desenchufarse dos días a la semana; a los “costeños” a no abusar de los ventiladores; o a clamar para que Colombia, así sea al doble, le venda al país incoloro al menos energía térmica.
Valdrá, en esos casos, pintarle al país de gris, o de oscuro, es decir, de negro, o mezclarlo con el morado púrpura, aquel que flamea en la nueva Clementina.
Pero los de arriba, los que todo lo quieren adelantar, imposible que impongan los apagones programados o súbitos, por más necesarios y dolorosos que sean.
Es que se les viene encima el plebiscito, o sea las votaciones. No querrán que la gente vaya a votar con mechero en mano, ni que se cuenten los votos con velas, o que se ponga carburo al sistema informático del “Ce-ene-e” que solito puede apagarse como en tiempos de pozos y correas.
Cómo pintar un país donde, si agarran a cinco, diez o quince delincuentes, de la calaña que sean, de la banda que sean, enseguida asoman el doble, ellos salen libres hasta porque el “poli” se olvidó de leerles sus derechos.
De qué color valdría pintarle al país donde los lavadores de dinero radican en urbanizaciones de lujo, donde los Escobares, los Fitos y otros patrones le pintan al país con los colores que quieran, en especial de rojo…




