El Niño

En los hogares pobres especialmente y cuando esperan la llegada de un niño, se suele decir que todo niño viene con un pan bajo el brazo. Bella metáfora que explica que siempre será bienvenido el neonato, incluso en las penurias económicas más duras. Dios proveerá dicen y los reciben con amor en una frazada tibia.

El fenómeno del niño, llamado así, por su presencia cercana a la natividad, nos llega de una manera generosa en unos casos o regiones y en otras, destructiva y fatídica, desde hace miles de años.

Científicamente se puede decir que se produce, cuando los vientos alisios que empujan el agua caliente hacia Asia, se debilitan y el agua cálida se queda frente a nuestras costas y el Perú principalmente.

Como fatídicas repercusiones tenemos lluvias muy fuertes y prolongadas en la costa y sierra sur ecuatoriana. La pesca migra a aguas oceánicas más frías, lo que repercute drásticamente en la pesca y en la necesidad de los que pescadores de aventurarse mar adentro y agregar tiempo y riesgos inevitables para lograr subsistir.

El océano sube importantemente su nivel y es cuando arrasa incontenible las casas y asentamientos de las orillas, tanto de rusticas casas de caña, como elegantes bulevares y bares.

Si bien se vuelve imperiosa la necesidad de tomar medidas y precauciones y evitar en menor grado el embate del aguaje, se vuelve difícil, si no imposible de logar mitigar todo, dada la fuerza telúrica e inmensa de las corrientes. En las ciudades, como ya está pasando en el norte, Quito, especialmente, los distribuidores de tránsito con vías excavadas, se inundan fácil e irremediablemente, pues, los drenajes son insuficientes o se tapan con los primeros lodos.

En nuestra sierra, las lluvias reverdecen los pastos y nos benefician, sin embargo, en breve son saturados los campos y planicies por la intensidad y tiempo de precipitaciones y el pasto muere, sin remedio.

La energía es vulnerada también. Las centrales hidroeléctricas pierden el nivel de sus embalses y los cortes de energía se vuelven rutinarios, como es hoy mismo el caso, que las industrias y fábricas, grandes consumidores tienen que paralizar sus producciones o utilizar sus generadores de combustible, onerosos y contaminantes. Sin embargo, no existe otra opción por el momento y nuestra vista y empeño debe dirigirse a la energía fotovoltaica y eólica, únicas de necesaria y urgente implementación. El petróleo se acaba. Vive sus últimos momentos. (O)

Dr. Aurelio Maldonado

Dr. Aurelio Maldonado

Médico otorrinolaringólogo. Profesor universitario. Presidente de varias instituciones y de Congresos. Escritor.