El poeta, ensayista y docente cuencano Jorge Román Astudillo Astudillo falleció el fin de semana en la ciudad de Guayaquil, urbe a la que estuvo estrechamente vinculado durante varias décadas como educador, periodista y gestor de la vida cultural.
Su muerte enluta al ámbito literario nacional y a varias generaciones de estudiantes que encontraron en él una voz crítica, sensible y comprometida.
Nacido en la parroquia El Valle del cantón Cuenca, en 1945, cursó sus estudios primarios en su localidad natal. Continuó su formación académica en Quito, donde cursó Filosofía y Teología.
Posteriormente estudió Filosofía y Letras en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, obteniendo el título de licenciado en Literatura y Castellano.
Radicado desde joven en el Puerto Principal, desarrolló allí la mayor parte de su vida profesional e intelectual.
En el ámbito docente, fue catedrático del histórico colegio Nacional Vicente Rocafuerte, donde además ejerció como director de Extensión Cultural y coordinador de las Jornadas Vicentinas.
También dictó cátedra en la Universidad Laica Vicente Rocafuerte y mantuvo una sostenida actividad periodística en diversos medios de comunicación de Guayaquil.
Desde estas trincheras, impulsó espacios de reflexión, lectura y debate, convirtiéndose en un referente del quehacer cultural del Ecuador.
Poesía
Si bien su trayectoria abarcó la docencia, el periodismo y la crítica literaria y de arte, fue la poesía el territorio donde alcanzó mayor reconocimiento.
Su obra, caracterizada por una voz austera y reflexiva, dialoga con lo espiritual, lo social y lo íntimo, y logró proyección tanto a nivel nacional como internacional.
A lo largo de su carrera publicó poemarios como El silencio de Dios, Cóndores de fuego y Cartas para el hijo, además de ensayos, artículos y trabajos biográficos.
Ese extenso trayecto creativo fue recogido posteriormente en la antología Silencio y estallidos de fuego, editada con el respaldo de la Universidad Laica Vicente Rocafuerte.
El volumen recoge los espacios, las épocas y las experiencias que marcaron al autor. “Creo que aquí doy testimonio de la época y de los lugares en los que viví”, dijo entonces.
La publicación vio la luz después de su retiro de la docencia y funcionó como un compendio de una vida consagrada a la palabra y a la formación intelectual.
Su producción poética recibió valoraciones destacadas de críticos y escritores de Ecuador y del extranjero, entre ellos Luis Santamaría (España) y Juan Fernando Cortés (Perú).
Además, de reconocidas figuras nacionales como Humberto Salvador, Iliana Espinel y Hernán Rodríguez Castello, entre otros.
Tras su jubilación, Astudillo continuó activo en recitales, presentaciones de libros, conferencias y espacios digitales, manteniendo una presencia constante en la vida intelectual del país.
La noticia de su fallecimiento generó numerosas expresiones de pesar en redes sociales, especialmente de exalumnos, colegas y escritores, quienes destacaron su rigor académico, su calidad humana y la coherencia ética de su obra.
Jorge Román Astudillo deja un legado que perdurará en la poesía ecuatoriana y en la memoria cultural de Guayaquil y del país. (I)
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