Academia e Iglesia advierten: La inteligencia artificial y el riesgo de una «Babel tecnológica»

La inteligencia artificial debe permanecer al servicio de las personas y no al contrario. Esa es una de las advertencias que recoge la encíclica Magnifica Humanitas, publicada por el papa León XIV.

El documento abre el debate sobre los efectos de estas tecnologías en la dignidad humana, la autonomía individual, la privacidad, la educación y el bien común.

Académicos y representantes de la Iglesia coinciden en que el desafío consiste en establecer límites y criterios para convivir con sistemas capaces de influir en la información, las decisiones y las relaciones humanas.

Jorge Maldonado Mahauad, docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Cuenca, señaló que uno de los riesgos descritos en la encíclica es la construcción de una “Babel tecnológica”.

La expresión remite al relato bíblico de la Torre de Babel y advierte sobre la posibilidad de desarrollar sistemas cuya complejidad supere la capacidad humana de supervisión.

La tecnología se volvió una «caja negra» capaz de procesar datos a una escala y velocidad inaccesibles para las personas, lo que rompe el vínculo entre creador y creación.

Jorge Maldonado Mahauad, docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Cuenca.

Masificación y dependencia de las plataformas

La preocupación surge en un momento en que millones de personas utilizan plataformas capaces de redactar textos, generar imágenes, analizar información y responder consultas en segundos.

Para el académico, la facilidad de acceso al conocimiento puede derivar en una dependencia que reduzca el ejercicio de la reflexión y el pensamiento crítico.

“Las herramientas tecnológicas y los algoritmos deben estar al servicio del ser humano y no al revés”, afirmó Maldonado, exdirector de Innovación Educativa y coordinador del proyecto Erasmus+Genial.

A diferencia de innovaciones anteriores como la imprenta, la radio o internet, que ampliaron la difusión de la información, la inteligencia artificial genera contenidos de manera autónoma.

Esto traslada la discusión hacia quienes diseñan los algoritmos y administran los datos.

Los cambios ya son visibles en el ámbito educativo.

Estudios desarrollados dentro del proyecto Erasmus+Genial, coordinado por Maldonado, muestran que entre el 80 % y el 85 % de docentes y estudiantes universitarios han utilizado herramientas de inteligencia artificial.

En el personal administrativo, la cifra supera el 90 %.

Para el investigador, la discusión ya no gira en torno a si estas tecnologías serán utilizadas, sino a cómo incorporarlas sin reemplazar capacidades humanas esenciales.

Como parte de esa discusión, el docente mencionó el uso de tutores socráticos basados en inteligencia artificial.

A diferencia de los sistemas que entregan respuestas inmediatas, estos modelos formulan preguntas para que el estudiante construya su propio razonamiento. El objetivo es evitar que la tecnología sustituya los procesos de reflexión.

Riesgos en la privacidad y manejo de datos

A ello se suma la capacidad de reproducir voces, imágenes e identidades mediante sistemas automatizados. Esta tecnología ha facilitado nuevas modalidades de fraude y suplantación. 

“Todavía la tecnología tiene muchas deudas con el ciudadano”, agregó.

Impacto ambiental y consumo energético

La encíclica también incorpora una dimensión ambiental. El funcionamiento de los centros de datos que sostienen los sistemas de inteligencia artificial demanda cantidades crecientes de energía y recursos.

Desde la Iglesia, el debate se centra en la protección de la persona. El arzobispo de Cuenca, Marcos Pérez Caicedo, considera que el documento constituye una respuesta a los desafíos de la revolución digital.

“La encíclica invita a reflexionar cómo usar los medios digitales para el bien de la humanidad y no a la destrucción de la misma”, resumió.

«Una ciudad que se construye sin Dios es como Babel, porque terminan confundiéndose entre todos y destruyendo la obra».

Frente a ello, propone colocar a la persona nuevamente en el centro de las decisiones.

Deshumanización y bien común

Joffre Astudillo, vicario episcopal de la Inmaculada Concepción, considera que el principal riesgo es la deshumanización.

“La Iglesia reconoce los avances tecnológicos mientras el fin último sea el bien común”, indicó.

Astudillo aseguró que el problema surge cuando las personas dejan de ser consideradas sujetos y pasan a convertirse en datos, estadísticas o elementos subordinados a sistemas guiados por criterios de eficiencia.

“El Papa llama a construir una cultura más solidaria. Advierte que la inteligencia artificial no asume responsabilidad por las consecuencias de las decisiones que produce”.

Academia e Iglesia coinciden en una misma preocupación, la inteligencia artificial exige preservar la autonomía humana, proteger los derechos y subordinar el desarrollo tecnológico a la dignidad humana y al bien común. (PNH)-(I)

DATOS

  • Jorge Maldonado coordina el proyecto Erasmus+Genial que integra 8 países latinoamericanos y dos europeos (Francia y España) para impulsar una adopción ética, inclusiva y pedagógica de la IA.
  • Expertos alertan de riesgos por filtración de datos biométricos como huellas, voz o iris, lo que facilita suplantación de identidad y fraudes si no existen marcos legales sólidos de protección ciudadana.

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Patricia Naula Herembás

Patricia Naula Herembás

Licenciada en Comunicación Social con experiencia en medios tradicionales y digitales. Hace coberturas y redacción de temáticas de emprendimiento, empresarial, sociedad e interculturalidad.