La Universidad de Cuenca investiga la germinación, el crecimiento y la supervivencia de especies nativas para mejorar la restauración de bosques andinos y terrenos degradados.
Desde 2022, el Observatorio de Restauración Ecológica ha establecido 114 parcelas experimentales y plantado 11.500 ejemplares de 16 especies nativas.
Ximena Palomeque, docente de la Facultad de Ciencias Agropecuarias e investigadora del Departamento de Recursos Hídricos y Ciencias Ambientales, lidera el proyecto.
El objetivo es identificar qué plantas se adaptan mejor a distintas condiciones de altitud, suelo y clima.
La investigación busca generar información técnica para la reforestación y recuperación de bosques andinos y terrenos degradados.
Cómo se estudia la adaptación de las plantas nativas
La línea de investigación comenzó en 2015 y comprende varias etapas:
- Identificación de árboles semilleros en bosques nativos y recolección de sus frutos.
- Maduración controlada de los frutos en el laboratorio, cuando es necesario.
- Evaluación de la calidad de las semillas mediante pruebas de humedad, pureza y viabilidad.
- Ensayos de germinación y aplicación de tratamientos para mejorarla.
- Producción de plántulas en invernadero.
- Experimentos de restauración en terrenos degradados
El equipo estudia los requerimientos de cada especie y desarrolla protocolos para reproducirlas en cantidades suficientes para los ensayos de campo.
Después de la germinación, las plántulas pasan al invernadero y, finalmente, a los sitios experimentales, donde se monitorea su adaptación.
En la fase de germinación, el equipo ha descrito y analizado el comportamiento de alrededor de 35 especies nativas.
Las parcelas están distribuidas en cinco sitios:
- Granjas de Irquis y Nero, de la Universidad de Cuenca
- Llaviuco, en el Parque Nacional Cajas
- Bosque de Machángara
- Bosque de Aguarongo


Qué especies nativas sobreviven mejor en los Andes
Los resultados muestran que la selección de plantas debe responder a las condiciones ambientales de cada terreno.
«Por encima de los 3.000 metros de altitud, el sachacapulí (Vallea stipularis) y el sarar (Weinmannia fagaroides) presentan mayor capacidad de crecimiento y supervivencia», explicó Palomeque.
«En zonas de entre 2.300 y 2.800 metros, el laurel de cera (Morella pubescens) y el gañal (Oreocallis grandiflora) tienen potencial para la restauración».
El laurel de cera registra resultados favorables de supervivencia y crecimiento.
Su capacidad para fijar nitrógeno también lo convierte en una alternativa para recuperar suelos degradados.
El gañal, por su parte, cumple una función ecológica relacionada con la alimentación de los colibríes.
“No todas las especies van a sobrevivir en las mismas condiciones de clima”, señaló la investigadora.
Las parcelas experimentales incluyen también:
- Borracho (Hedyosmum luteynii)
- Cedro (Cedrela montana)
- Nogal (Juglans neotropica)
- Cáñaro (Erythrina edulis)
- Rañas (Viburnum triphyllum)
- Duco (Clusia sp.)
- Matico (Salvia corrugata)
- Shiñan (Barnadesia arborea)
Además, se estudian otras especies nativas, entre ellas Salvia hirta, Fuchsia vulcanica, Brachyotum confertum y Siphocampylus giganteus.
El laboratorio también analiza cómo influye el lugar de procedencia de las semillas.
En un experimento con gañal, las semillas recolectadas en bosques naturalmente secos mostraron mayor tolerancia a la sequía que las procedentes de sitios húmedos.
El resultado evidencia que la selección del material vegetal debe considerar las condiciones ambientales de las poblaciones de origen.
Por qué algunas especies no sobreviven en terrenos degradados
El observatorio registra el crecimiento y la supervivencia de las plantas, además de variables como la precipitación, la temperatura, la humedad y la radiación solar.
Estos datos permiten relacionar las condiciones ambientales con la respuesta de cada especie.
En algunos experimentos, la mortalidad superó el 90 %.
Las sequías, las heladas, la radiación intensa, la compactación del suelo y la falta de nutrientes dificultan el establecimiento de la vegetación en terrenos degradados.
Los resultados permiten identificar qué especies responden mejor y qué cuidados requieren.
También ayudan a determinar cuándo sembrar y cómo manejar la vegetación que compite con las plantas nativas.
El romerillo, una especie difícil de reproducir
Una de las especies más complejas de propagar en el laboratorio es el romerillo (Prumnopitys montana), cuyas poblaciones han disminuido debido a la extracción de madera.
Su reproducción mediante semillas presenta dificultades y limita la disponibilidad de plantas para recuperar sus poblaciones.
El romerillo es una especie dioica, es decir, tiene árboles masculinos y femeninos.
Si la tala reduce la presencia de uno de los sexos, disminuyen las posibilidades de reproducción y de producción de semillas viables.
“El romerillo está en peligro de extinción. Las décadas pasadas hubo una extracción indiscriminada. Es una especie bastante complicada de encontrar como planta en los bosques, cada vez hay menos”, señaló.
La investigadora considera necesario desarrollar estudios específicos para mejorar su propagación.
Cómo se recuperan los bosques después de un incendio
Los ecosistemas pueden recuperarse mediante la regeneración natural, sin que sea necesario plantar árboles de inmediato.
Sin embargo, la respuesta depende de la severidad del incendio, las condiciones del suelo y la disponibilidad de semillas que lleguen desde áreas cercanas.
Las primeras especies que colonizan los terrenos quemados suelen ser plantas pioneras, como las herbáceas, capaces de crecer en condiciones poco favorables.
Después pueden incorporarse otras especies que requieren suelos con mayor contenido de materia orgánica y mejores condiciones ambientales.
Este proceso, conocido como sucesión ecológica, puede prolongarse durante años.
Palomeque explica que es necesario evaluar si la regeneración natural avanza o si el terreno requiere intervención.
La decisión debe considerar las condiciones de cada sitio y la capacidad del ecosistema para recuperar su vegetación.

Conservar es menos costoso que restaurar
La restauración requiere inversión y seguimiento durante años.
Por eso, Palomeque considera prioritario proteger los bosques y páramos.
“Siempre restaurar va a ser más caro. En nuestra región andina la restauración no ocurre de un año para el otro; se tiene que esperar decenas de años para poder recuperar lo que estamos perdiendo”, advirtió.
La degradación de estos ecosistemas afecta la biodiversidad, la regulación del agua y los recursos disponibles para los polinizadores.
Los incendios y la expansión ganadera también reducen la cobertura vegetal y pueden interrumpir procesos naturales de recuperación.
“Si perdemos nuestro patrimonio natural, también perdemos las oportunidades que la biodiversidad puede ofrecer a través de la bioeconomía”, aseguró.
“Somos un país megadiverso y estamos perdiendo esa riqueza con cada incendio y con la expansión de la actividad ganadera, una situación sumamente preocupante en nuestra región”.
Investigación para orientar las decisiones públicas
El Observatorio de Restauración Ecológica cuenta con la participación de la Universidad de Cuenca, a través de su Vicerrectorado de Investigación; la Escuela Politécnica Nacional, de Quito y la Universidad de Gante, en Bélgica.
También intervienen el Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido, el Jardín Botánico de Missouri, en Estados Unidos, y el Instituto Federal Suizo de Investigación sobre Bosques, Nieve y Paisaje (WSL).
Entre los actores locales que han colaborado están Elecaustro, CELEC SUR, ETAPA —incluido el Parque Nacional Cajas— y Fonapa, cuya participación se extendió de 2021 a 2022.
Entre las entidades que financian las investigaciones están la Fundación Nacional Suiza para la Ciencia (SNSF) y VLIR-UOS, de Bélgica
El equipo también promueve el intercambio de conocimientos con viveros y organizaciones que trabajan en restauración.
En 2025 impulsó la Red Vive Azuay para compartir experiencias y mejorar la producción de plantas nativas.
La investigación busca responder tres preguntas: qué especies utilizar para recuperar terrenos degradados, en qué condiciones plantarlas y qué cuidados necesitan para sobrevivir.
Sus resultados pueden servir de referencia para las instituciones públicas, empresas y organizaciones que trabajan en restauración ecológica.
Campañas de reforestación
Las campañas de reforestación deben aplicar criterios técnicos desde la selección de las especies hasta su plantación, mantenimiento y monitoreo para aumentar la supervivencia de los ejemplares y favorecer la recuperación de los ecosistemas.
La investigadora advierte que la limitada disponibilidad de plantas nativas restringe las opciones para recuperar ecosistemas específicos.
Frente a esta situación, el laboratorio desarrolla un proceso integral que abarca desde la identificación de árboles semilleros en los bosques hasta la propagación de plantas nativas y su establecimiento en terrenos experimentales. (I)
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