El Dakar vuelve a poner a prueba a Sebastián Guayasamín

Para Sebastián Guayasamín, el Rally Dakar ya no es solo una carrera. Es parte de su vida. Lo dice con naturalidad, como quien habla de una tradición familiar o de una fecha marcada en el calendario. Acaba de completar su duodécima participación en la prueba más dura del automovilismo mundial, una travesía de 8.000 kilómetros en 14 etapas que volvió a exigirlo al límite.

“Para mí el Dakar es como la Navidad, es el evento que esperamos todo el año”, confiesa el piloto ecuatoriano, que desde hace más de una década entrena exclusivamente con ese objetivo. Esta edición, disputada nuevamente en Arabia Saudita, no fue la excepción en cuanto a dificultad. Al contrario, elevó la vara.

El recorrido tuvo poca arena y muchos caminos de piedra, un terreno traicionero que provocó numerosos cortes de neumáticos y daños mecánicos. A eso se sumaron dos temidas etapas maratón, en las que los pilotos no cuentan con asistencia técnica.

“Tienes que reparar el auto tú mismo, dormir a la intemperie, sin electricidad ni señal. Son jornadas de hasta 1.500 kilómetros en total, donde la cabeza pesa tanto como el volante”, relata en una entrevista con Diario El Mercurio.

Guayasamín no tuvo un inicio sencillo. Estrenó vehículo, copiloto (Pol Ros) y equipo, un combo que demandó un periodo de adaptación. En la etapa seis, una avería en la caja de cambios y la falta de combustible lo hicieron perder casi cinco horas. Incluso llegó a quedarse sin gasolina en el desierto y debió recurrir a la ayuda de unos locales para poder continuar.

Ese golpe lo relegó hasta el puesto 26 de la clasificación general, pero lejos de resignarse, inició una remontada paciente y constante. Día tras día fue recuperando posiciones, acompañado por una afición que siguió cada avance a la distancia. Al final, cerró el Dakar en el puesto 11, a pocos minutos del top 10.

Resultado que motiva

El resultado tomó aún más valor puertas adentro. De los seis autos idénticos del equipo portugués con el que compitió, Guayasamín fue el único en llegar a la meta, lo que le valió una renovación contractual por dos años más.

La medalla de “finisher”, que volvió a colgarse en el cuello, no es un simple recuerdo. En una edición en la que más de la mitad de los competidores abandonaron, cruzar la meta final volvió a ser un triunfo.

A sus 45 años, Guayasamín siente que la experiencia está de su lado. Sabe que aún hay detalles por ajustar: más horas sobre el auto, mayor compenetración con su copiloto y atacar desde la primera etapa.

El Dakar, sin embargo, no perdona. El cansancio, la falta de sueño, los cambios de horario y el desgaste mental pasan factura. “Te toma unos 10 o 15 días volver a la normalidad. Es parte del proceso, como la recuperación después de un entrenamiento”, explica. Eso sí, hay pequeños premios al volver a casa, como un locro de papas, un ceviche de camarón o un plato de arroz con menestra, sabores que se extrañan en el desierto.

El calendario de Guayasamín incluye competencias en Europa, África y una exigente prueba en Marruecos, considerada el “medio Dakar”, clave en la preparación rumbo a 2027. El mayor reto, como siempre, será conseguir los auspicios que permitan sostener el proyecto.

Antes de cerrar, deja un mensaje claro para los pilotos ecuatorianos que sueñan con llegar al Dakar. “Que se atrevan. No siempre es talento o plata; muchas veces es voluntad. Hay que salir de la zona de confort, insistir y creer. Los resultados llegan con el tiempo”. (IAA)-(D)

Ismael Alvarado

Ismael Alvarado

Licenciado en Ciencias de la Información y Comunicación Social con experiencia en coberturas deportivas de todas las disciplinas a nivel nacional. Producción y contenido para medios digitales.
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