La ministra de Gobierno, Nataly Morillo, llegó a Cuenca este lunes para, según dijo, desarrollar una “mesa de articulación territorial”; en palabras menos sociológicas, una Mesa de Seguridad.
Ni bien asumir el cargo, Morrillo dijo que no se reunirá con los alcaldes de Quito, Pavel Muñoz; de Guayaquil, Aquiles Álvarez; y de Cuenca, Cristian Zamora.
Le sobraban razones, agregó, para no hacerlo, desnaturalizando uno de los principios básicos de quien está llamado a dialogar con todos los sectores políticos, ni se diga con los de la oposición, con mayor razón si se trata de la seguridad ciudadana.
A la referida reunión no asistió el alcalde Zamora. Tampoco el prefecto Juan Cristóbal Lloret. No los invitaron.
¿Cómo entender una “articulación territorial” sin la concurrencia no únicamente de esas dos autoridades, incluso de los demás alcaldes azuayos?
Si la temática giró en torno a la seguridad, alcaldes y el prefecto debieron ser involucrados, incluyendo el Consejo de Seguridad Ciudadana.
Por favor, la seguridad compete a todos; y parte de esos todos son los municipios y gobiernos provinciales.
Tratar de sacar réditos políticos de la lucha contra la delincuencia y del crimen organizado haciendo a un lado a otros actores que representan a amplios conglomerados sociales, hasta les viene bien a los antisociales.
Relegarlos resulta oprobioso. Igual la referencia despreciativa hecha en contra del alcalde Zamora por el gobernador Xavier Bermúdez, ante quien los barrios de Cuenca le echaron en cara la inseguridad en la que viven, confirmando, de paso, que es falsa la burbuja de tranquilidad que trata de venderse.
¿Cuándo será que las autoridades seccionales, la Policía, las del Gobierno, se sientan en una mesa pero de cuatro patas para entender que la inseguridad en Cuenca ya es cosa seria; que llegada de otros lados vive en ella; y que pronto la ciudad podría ser desbordada?







