Estado indolente

Reprochable, por decir lo menos, la desidia del Ministerio de Finanzas. No pagar, desde octubre de 2025, y hasta mucho antes, por el trabajo realizado por artesanos azuayos, raya en la indolencia.

Ellos protagonizaron un plantón para reclamar por deudas. Oscilan entre $1,8 millones y $ 2.2 millones; a nivel nacional, más de $ 7 millones.

Esas obligaciones no son gratuitas. Corresponden a trabajos hechos para el Ministerio de Educación: confección de uniformes escolares, servicios de limpieza, alimentación y metalmecánica.

Los “comprobantes únicos de registro” de pago han sido remitidos por la cartera de Educación; pero en la de Finanzas, quién sabe, los colocaron en el trasfondo de sus anaqueles.

Como bien lo expresaron los dirigentes: detrás de cada contrato hay familias dependientes de esos ingresos para cubrir créditos bancarios, pago de salarios, de impuestos, seguros y gastos básicos.

Hasta la ironía juega su papel: los artesanos tienen 45 días de plazo para cumplir sus trabajos. Si se atrasan un día son multados, y hasta inhabilitados por cinco años para contratar con el Estado. Pero este mismo Estado se hace el desentendido, el indolente, cuando no cumple sus obligaciones. Le importa poco o nada.

Se necesita tener alma innoble para actuar de esa manera. Bajo esa lógica medio colonialista de creer que, exceptuando la capital, lo demás son solo provincias, y que por eso deben esperar, aguantar todo, la burocracia centralista hace cuanto le venga en gana.

Según los convenios, las deudas deben cancelarse entre 15 a 30 días. Pero, según los rubros, han pasado cuatro y hasta ocho meses. Y nada. Mientras los artesanos, apremiados por la necesidad de trabajo, pese a los altos costos de las materias primas, del alza del IVA, siguen firmando contratos. Nadie actualiza los precios del catálogo de compras públicas. 

Una indolencia estatal más, como muchas otras.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO