La independencia es columna vertebral de la democracia. Cuando el país observa que quien preside el Consejo de la Judicatura enfrenta denuncias graves y, al mismo tiempo, se impone un hermetismo férreo de parte del gobierno que limita explicaciones claras, o cuando se observan procesos direccionados, escándalos innecesarios, agresiones a la vida privada y la dignidad de políticos críticos al gobierno de turno, lo que se erosiona no es solo una figura pública, sino la confianza en todo el sistema judicial. Basta una percepción de interferencia para que la legitimidad de sentencias, concursos y designaciones quede bajo sombra. Sin independencia judicial no hay equilibrio de poderes y la democracia pierde valor.
La autonomía de los gobiernos locales responde a una conquista constitucional que buscó acercar el poder a la ciudadanía. Reformar el COOTAD bajo el argumento del “orden” o del combate al “despilfarro” puede sonar razonable, pero cuando esas categorías se utilizan selectivamente a autoridades críticas del poder central, el debate deja de ser técnico y adquiere un tono electoral.
La independencia editorial es otro pilar irrenunciable. El derecho a investigar, a encuadrar los hechos con criterio propio y a contrastar fuentes no depende de la aprobación de quien detenta el poder. Cuando desde las Fuerzas Armadas del Ecuador se insinúan procesos administrativos para determinar qué medio puede o no indagar en asuntos internos, el riesgo trasciende la coyuntura. La transparencia es obligación del poder público. Someter el ejercicio periodístico a filtros cualitativos definidos por la autoridad investigada es convertir al vigilado en censor.
En tiempos de polarización y fragilidad institucional, defender la independencia judicial, territorial y editorial es un acto de responsabilidad cívica. La democracia se debilita cuando la sospecha sustituye a la transparencia, cuando la coordinación degenera en subordinación y cuando la crítica es vista como amenaza. Preservar la independencia es, en última instancia, preservar la posibilidad misma de disentir sin temor.







