Una autoridad es personaje público

El ejercicio de la función pública, con mayor razón si proviene de la voluntad popular, debe cumplirse con total transparencia, ética, ejemplo, afán de servicio y demostrando honestidad a toda prueba.

Quien la asume, de manera tácita se convierte en personaje público, se somete al escrutinio popular, está obligado a rendir cuentas, a ser un referente en todo sentido, a evitar el mínimo indicio de mala conducta o de sospecha.

Hay ciertos aspectos de la vida privada de un personaje público que deben respetarse por los demás. Pero él, aun en ese ámbito, también está obligado a no hacer nada que los otros pretendan ver el mínimo traspié.

Reiteramos, con mayor razón si se trata de un político cuya vida está expuesta a todo, a eventuales reveses que provengan de su mal comportamiento, a irrespetar las leyes o a querer soslayar las normas jurídicas.

En estos días, una autoridad provincial elegida en democracia, fue “noticia” por infringir la Ley de Tránsito al haber sido sorprendida por agentes civiles conduciendo su vehículo en estado de ebriedad.

Pero más que la noticia en sí misma, se impuso el escándalo, el “caída y limpia” a través de redes sociales en las cuales se desfogan aun las más bajas pasiones, los enconos políticos, como si sus actores fueran inmaculados.

Una cosa es pedir la aplicación de la ley, que nadie intermedie para tratar de salvar a la autoridad contraventora, o que esta  la evada; otra la de, literalmente, caerla a pedradas o hacer leña del árbol caído.

Esa autoridad, como parte de su albedrío, decidió, así se presume, tener una noche de bohemia; pero no reparó en el exceso, más que todo en eso de que si ingieres alcohol no conduzcas. 

Resta que ahora, tras cumplir la penalización, por ser personaje público, ofrezca disculpas a sus electores, a la ciudadanía en general.

Con eso, quienes le lanzaron piedras tendrán que recogerlas, a no ser que nunca hayan pecado por lo mismo.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO