Por la gravedad de los derrumbes ocurridos la semana anterior entre los kilómetros 76 y 105 de la vía Cuenca-Girón-Pasaje amerita la declaratoria de emergencia.
Esa no debe ser únicamente una posibilidad, sino una decisión ministerial urgente.
El viceministro de Infraestructura, Pablo Carpio, comprobó la contundencia de los derrumbes, que acumularon sobre la calzada de la vía alrededor de 200.000 metros cúbicos de material entre los sectores Pachamamac y Tendales.
No hay paso vehicular, ni en las próximas tres o cuatro semanas.
Las vías alternas de comunicación entre Azuay y El Oro son la Cuenca-Molleturo-El Empalme y la Cuenca-Cochancay-El Triunfo.
Esto implica mayor tiempo de recorrido. Por consiguiente, aumento del valor de pasajes y fletes.
El viceministro tiene razón al explicar que la intervención no debe centrarse únicamente en retirar el material acumulado, del cual forman parte rocas inmensas, sino en realizar una evaluación mucho más técnica de los taludes inestables, a fin de garantizar seguridad total para autorizar la circulación vehicular.
La remoción de escombros que por el momento hacen los equipos camineros del ministerio y de varios municipios, cuyos territorios fueron afectados, no es suficiente, excepto para abrir trochas que permiten el ingreso de maquinaria y organizar la logística.
Si lo necesario y urgente es una intervención “con mayor especificidad en temas de ingeniería”, entonces urge la declaratoria de emergencia “para agilizar procesos administrativos, movilizar recursos técnicos y económicos y reforzar las labores de estabilización y limpieza”.
En consecuencia, alcaldes, prefecto, el sector productivo, los gremios del transporte, deben unir voces y exigir la tal declaratoria. Ya debieron haberlo hecho.
En las primeras líneas del informe que el viceministro entregará a su superior, se supone que irá aquella sugerencia que, para los afectados, es una exigencia.



