Incendios forestales desde ya

Ver que los incendios forestales, la mayoría provocados por la mala conducta humana, comienzan a producirse, raya en lo injustificable, en la torpeza, cuando no en el poco o nulo afecto por la naturaleza.
Prender fuego por la caduca creencia de que las llamas producen la lluvia resulta intolerable a estas alturas del siglo XXI.
Confiar en que el viento, no importa su velocidad, no expandirá el fuego provocado para quemar rastrojos o limpiar la maleza de los terrenos, es más que insólito, como si aún se viviera en la época cavernaria.
En los últimos años se ha explicado hasta la saciedad el peligro que representan los incendios forestales: destruyen todo, dejando como saldo cenizas y desolación en los campos.
Pero no hay escarmiento para el hombre. Sigue con aquellas viejas prácticas; igual que arrojando colillas de cigarrillos o fósforos encendidos donde le plazca; o haciendo fogatas y dejarlas sin apagar.
Es inconcebible que en solo en un día, el martes anterior, el Cuerpo de Bomberos de Cuenca haya extremado esfuerzos para apagar cinco incendios forestales en diferentes sectores rurales.
Y como bien lo informan técnicos de la empresa ETAPA EP, julio es un mes de transición hacia la “época seca”. Todavía no se puede hablar de una nueva sequía hidrológica, la que se producirá durante el próximo mes.
El jefe del Cuerpo de Bomberos bien decía que, por ventaja, hay agua suficiente en los ríos. Esto coadyuvó para apagar las llamas.
Quiere decir que la situación se complica cuando merman esos caudales, en cuyo caso el fuego debe apagárselo con otras metodologías, entre ellas, arrojando tierra, abriendo zanjas, o golpeando las llamas con ramas.
Provocar incendios forestales está penado por la ley. Pero, por lo general, casi es imposible dar con los autores.
Ojalá los provocados anteayer sean los últimos de un tiempo de sequía que se aproxima.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO