Contemplar, del latín contemplare com- que es una acción concentrada, y templum- que en principio se refiere a un espacio, sea sagrado o delimitado. Después, bien se asocia a un templo o edificio. Ese detenimiento concentrado a mirar lo que ocurría alrededor sería la manera de tomar decisiones, interpretar “mensajes” o señales, y considerar algo con profunda atención. En la modernidad, el término se usa hasta en lo estético, para admirar una obra de arte o la frase que antecede a tomar una opción cuando decimos “estoy contemplado la posibilidad de cambiar de trabajo.” Pero hay un estado existencial de esta palabra que atañe a un uso meditativo y pasa de la práctica de observar, a una meditación, de uso filosofal, espiritual, y de vida religiosa. En griego, la palabra teoría (theoria) sería la que se usaba para ese acto de observar. Se tenía a los theoros, espectadores de juegos y espectáculos, quienes con atención miraban todo cuanto acontecía en aquel momento para dar testimonio de lo ocurrido. Luego, filósofos como Aristóteles y Platón usaban el término para referirse a ver con el alma y usar los ojos de la mente buscando la verdad, lo que más adelante se transformaría en encontrar la presencia de Dios.
La vida contemplativa es un estado de vida, se enfoca de lleno a la unión con Dios. Hace unos días, tuve la oportunidad de presenciar la renovación de votos de la Madre Superiora del Convento de las Carmelitas Descalzas de San José, Luz María del Carmen. Cumplió sus Bodas de Oro, 50 años dedicados a la oración, apartada de un mundo activo con el fin de entrar en una quietud que le permite estar en la presencia de Dios. Las hermanas de esta comunidad observan lo divino. Y no hay definición óptima para su labor. Decir actividad es insuficiente. Profesión, le quita profundidad. Dedicarse al servicio demuestra su desprendimiento material, pero no indica todo lo que hacen. Por vocación toman los votos de pobreza, castidad y obediencia. Pero contemplar es algo mucho más alto. Un grado elevado de oración y devoción, de amor supremo, velando por el pueblo de Dios. Esta columna es una invitación a conocer y reconocer lo que significa esta existencia religiosa que responde a un llamado, y en la que dones y gracia divinos se mueven para mantener una vida contemplativa. (O)




