Países del Pacífico Sur como Ecuador, Colombia, Perú Chile, se alinean ideológicamente tras la investidura de Keiko Fujimori y, pronto, la de Abelardo de la Espriella.
De esa coincidencia se puede sacar provecho para la lucha regional contra el crimen organizado.
Así lo entienden los presidentes de Ecuador, Daniel Noboa, y del Perú, Keiko Fujimori, en cuya posesión, los dos ya mantuvieron un primer encuentro bajo el denominador común de fortalecer la agenda bilateral en materia de seguridad.
Una de las ofertas de campaña de Fujimori fue, precisamente, la lucha contra grupos criminales que, como en el Ecuador, siembran el terror entre la población civil.
Poner esfuerzos y estrategias en la frontera que comparten para combatir, por ejemplo, el tráfico de armas que ingresa a Ecuador; igual el del oro explotado de forma ilegal; de droga incluso, ha sido una tarea pospuesta, sobre todo por la inestabilidad política en el vecino del sur.
Se repite hasta la saciedad de que si el crimen organizado, liderado por los grandes carteles, se ha internacionalizado, combatirlo también requiere el compromiso de los diversos gobiernos.
En esa misma línea se espera el enfoque de Abelardo de la Espriella; y así lo ha expresado, con mayor razón si las bandas delictivas tienen luz verde para aumentar los sembríos de coca, los laboratorios para procesarla y, en contubernio con las de Ecuador, la conducen por territorio nacional hasta llegar a sus puertos de embarque.
Los acuerdos, de la índole que sean, entre gobernantes de una misma línea política y económica, con objetivos comunes, dan resultados, con mayor razón cuando lo que importa es la integración regional y la lucha contra un enemigo común.
Según ha trascendido, con el Perú, Ecuador también aspira fortalecer relaciones comerciales y de integración, sin obviar que una de sus viejas aspiraciones es ingresar a la Alianza del Pacífico, pospuesta desde hacía varios años y solo por sesgos ideológicos.


