El temor se instaló en la rutina diaria de miles de migrantes en Estados Unidos. Las detenciones realizadas por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) y las posteriores deportaciones generaron un ambiente de incertidumbre que ya comienza a sentirse más allá de las fronteras, especialmente en países como Ecuador, donde las remesas constituyen uno de los principales pilares económicos.
Richard Jiménez, migrante ecuatoriano radicado en el estado de Nueva York, relata que en zonas como Port Chester y el condado de Westchester las acciones de control migratorio se han intensificado. “La gente está con miedo, no sale mucho, se cuida. Hay detenciones cuando salen a trabajar, en la mañana o en la tarde. Incluso a quienes se cruzan en el camino los están parando”, asegura.
Aunque Jiménez es ciudadano estadounidense, conoce de cerca la realidad de quienes viven sin documentos. Es propietario de una mueblería y una pequeña joyería donde emplea a migrantes latinoamericanos. “Son personas trabajadoras, luchadoras, pero ahora viven con temor. Muchos prefieren quedarse en casa y eso reduce sus ingresos”, explica.
Ese miedo tiene un efecto directo en el envío de remesas. “Antes enviaban mil o mil quinientos dólares al mes; ahora, con suerte, envían la mitad o menos”, señala. La caída de ingresos no solo afecta a las familias en Ecuador, sino también a la economía local en Estados Unidos. “Nosotros, los migrantes, somos la fuerza laboral. Si dejamos de trabajar o consumir, todo se afecta”, añade.
Según cuenta, el temor no solo afecta a quienes envían dinero, sino también al consumo y a los pequeños negocios. “La gente ya no compra muebles, salas o comedores como antes. Dicen que, si los deportan, todo se queda botado. Prefieren guardar su dinero por si tienen que regresar a Ecuador”, relata.
¿Disminuirán las remesas?
Desde el ámbito económico, Luis Tobar, docente de la Universidad Politécnica Salesiana, advierte que el escenario podría complicarse en 2026. Aunque en 2025 las remesas rompieron récord, con cerca de 7.916 millones de dólares recibidos, el 77 % provenientes de Estados Unidos, ese crecimiento podría frenarse.
“Muchos migrantes anticiparon envíos por temor a deportaciones. Pero ahora el miedo reduce las horas de trabajo y el empleo, lo que puede desacelerar o incluso disminuir las remesas”, explica.
Sin embargo, Tobar sostiene que el escenario actual es distinto. “Ahora el temor es más intenso. Hay menos horas de trabajo, menos empleo y más controles. Eso puede generar una desaceleración o incluso una disminución en el envío de remesas”, advierte. A esto se suma el impuesto del 1 % que Estados Unidos aplica a las remesas, lo que encarece el envío y reduce el monto final que llega a las familias.
El economista recuerda que las remesas representan cerca del 6 % del Producto Interno Bruto del Ecuador y superan los ingresos por exportaciones tradicionales como el banano, camarón o cacao. Provincias como Azuay y Cañar dependen en gran medida de estos recursos para cubrir gastos básicos como alimentación, educación, salud y vivienda.
“Si ese flujo baja, se afecta toda la economía, no solo a quien recibe el dinero”, enfatiza.
Mientras las cifras oficiales del Banco Central aún no reflejan una caída, en el día a día ya se perciben señales de alerta. La incertidumbre migratoria en Estados Unidos no solo amenaza la estabilidad de miles de ecuatorianos en el exterior, sino también el sustento de familias y economías locales en el país.
El miedo reduce el envío de remesas
Las historias se repiten en distintos hogares de Cuenca, donde la preocupación y la incertidumbre se han vuelto parte de la vida cotidiana. Teresa Pérez es madre de dos hijos migrantes que viven sin documentos en Estados Unidos. Desde allá, ellos han sostenido por años a su familia con el envío de remesas, pero hoy ese apoyo se ve amenazado por el temor constante a las redadas migratorias.
Teresa cuenta que el miedo a salir a trabajar ha reducido de forma significativa el dinero que recibe. “Antes me mandaban 200 dólares cada quincena porque yo cuido a los guagüitos de mi hija. Con eso alcanzaba para la comida y algunas cosas más”, recuerda. Sin embargo, la situación ha cambiado. “Ahora, con miedo, mandan 100 dólares, a veces cada quincena y a veces solo una vez al mes”, relata.
Una realidad similar vive Daniel Loja, un joven de 23 años que depende en parte de las remesas que le envía un primo desde Estados Unidos. Para él, la disminución en la frecuencia de los envíos es evidente. “Antes mandaba una vez por semana, ahora cada dos semanas”, explica. La razón, asegura, es el miedo. “Por lo que me han contado, es complicado salir incluso a enviar el dinero. Tienen temor de que los detengan”.
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