El ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela, confirmado en la madrugada del 3 de enero de 2026, abrió un escenario inédito y de consecuencias todavía imprevisibles.
La captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, anunciada por el presidente Donald Trump, marca el fin abrupto de un ciclo político, pero también instala interrogantes sobre el procedimiento, el rumbo de la transición y el impacto regional de una intervención directa.
Para la diáspora venezolana la “caída de Maduro” es un desenlace de años de denuncias, protestas y llamados internacionales que no lograron cambios internos.
Sin embargo, la incertidumbre sobre lo que ocurrirá dentro del país mantiene en suspenso cualquier celebración.
Alivio y cautela
En Cuenca, ciudad que acoge a cientos de migrantes venezolanos, la noticia fue recibida con una mezcla de alivio y tensión.
Karla Sánchez, periodista venezolana y directora de la Fundación GRACE, relató que las primeras horas estuvieron marcadas por el desconcierto y la dificultad para acceder a información confiable.
“Los teléfonos empezaron a sonar de madrugada. En Venezuela fueron pocos los periodistas que pudieron confirmar lo que estaba pasando. Hay felicidad, pero con cautela. No sabemos si celebrar porque el resto del aparato de gobierno sigue en pie”, señaló.
Sánchez, quien salió de Venezuela hace 10 años por su trabajo de investigación y la precariedad económica, agrega que el mayor temor no es la acción estadounidense, sino la reacción interna del régimen.
“Hay preocupación por las familias, por los presos políticos. No se sabe qué va a pasar con ellos. Hay cortes de luz, internet limitado, páginas y canales bloqueados. Desde Cuenca nos enteramos antes de lo que pasa que muchos venezolanos dentro del país”, aseguró.
Para una parte importante de la población, la intervención era una demanda acumulada tras años de elecciones cuestionadas y denuncias de violaciones a los derechos humanos.
“Es una intervención, sí, pero justificada. Hablamos de un régimen acusado de crímenes de lesa humanidad”, afirmó Sánchez.
Frente a versiones de intereses petroleros, Sánchez descarta esa explicación y afirma que Venezuela ha sido saqueada durante años por distintas potencias, por lo que reducir la crisis al petróleo simplifica su complejidad política y social.
Una postura similar expresa Freddy Darío Vergara, migrante venezolano en Cuenca desde 2018, quien resume el sentir de millones que salieron del país por la hiperinflación, la falta de medicinas en hospitales, los apagones y la pérdida de libertades.
“Muchos sentimos que este puede ser el fin de una era de oscuridad”, expresó.
«Después de tantos años de represión, fraude electoral y sufrimiento (…) la salida forzada de Maduro abre una puerta a la posibilidad de cambio, de justicia y de reconstrucción, pero pedimos al mundo que apoye una transición pacífica, ordenada y liderada por venezolanos».
La institucionalidad, el principal desafío para Venezuela
El politólogo Sebastián López plantea una lectura más compleja del escenario.
Para el analista, la intervención de Estados Unidos va más allá del discurso de tutela de los derechos humanos.
“Es evidente que existen intereses económicos y estratégicos. Pensar que esta acción se explica solo por la defensa de la democracia es una lectura ingenua”, afirmó.
No obstante, López reconoce la paradoja central del momento: una intervención cuestionable desde el derecho internacional coincide con la caída de un régimen dictatorial ampliamente denunciado por violaciones a los derechos humanos.
“Esto es la crónica de una muerte anunciada. Está claro que los intereses de Estados Unidos se orientan al petróleo, pero se sienta un precedente nefasto para la región. Sin embargo, y esto es paradójico, coincide con un momento de liberación para el pueblo venezolano”.
Para el analista, el principal desafío es la restauración de la institucionalidad.
“La gran pregunta es cómo reaccionarán las segundas líneas de poder, figuras como Diosdado Cabello (ministro de Relaciones Interiores de Venezuela), y cómo se va a construir un gobierno de transición legítimo”, señaló.
Futuro judicial de Maduro
Otro aspecto crucial del conflicto es el futuro judicial de Nicolás Maduro.
López subraya que aún no está claro cuáles serán los crímenes por los cuales será juzgado, qué tribunal lo juzgará ni bajo qué debido proceso, un elemento central para la legitimidad del escenario posterior.
“Lo cuestionable es la forma. Se ha sentado un precedente de intervención militar directa en América Latina”, dijo el analista.
En el plano internacional, la intervención abrió tensiones inmediatas.
La ONU expresó su preocupación por el irrespeto al derecho internacional y llamó a un diálogo inclusivo, con garantías de derechos humanos y respeto al Estado de derecho.
Estados Unidos ha anunciado que administrará Venezuela hasta que haya una transición “segura, apropiada y juiciosa”.
Esta definición, aún imprecisa, expone la fragilidad del momento y traslada la incertidumbre a cómo se ejercerá ese control, por cuánto tiempo y con qué límites.
Venezuela entra en horas decisivas, mientras la región observa un episodio que reconfigura el equilibrio político y tensiona los principios de soberanía y no intervención.
Opiniones divididas
El alcalde Cristian Zamora se pronunció en redes sociales tras la captura de Nicolás Maduro.
Zamora atribuyó la crisis venezolana a las políticas del régimen y señaló que el sufrimiento de la diáspora es visible a diario en la ciudad.
“Un gobierno que causa hambre, dolor y migración no es gobierno, es verdugo de su propio pueblo”, escribió.
La publicación generó debate. César Banegas cuestionó el mensaje y rechazó la intervención militar. “Es aplaudir una intervención de un país soberano y el secuestro de un PRESIDENTE”, escribió en Facebook.
Rolando Quichimbo sostuvo que “a EE. UU. no le importa la gente, solo robar las riquezas de Venezuela”.
Araujo Salas Jmyrli, quien se identificó como venezolana, respondió que el país lleva décadas sumido en la crisis. “Tenemos casi 30 años sufriendo eso y hasta peor, con Rusia, China, Cuba, Irán, etc.”, posteó.
También hubo mensajes sobre el futuro. “Ya veremos en pocos meses la ‘democracia’ que se instaura”, escribió Santiago Supliguicha. (I)
7,9
millones de personas han salido de Venezuela. De ellos, 6,7 millones ha sido acogido por países latinoamericanos y caribeños, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
17 %
de las reservas mundiales de petróleo posee Venezuela, es decir, unos 303.000 millones de barriles, por delante del líder de facto de la OPEP, Arabia Saudita, según el Instituto de Energía en Londres.
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