Si el fenómeno de El Niño llega con intensidad en el 2026, el Gobierno prevé que las pérdidas asciendan a 1.300 millones de dólares, lo que equivale a que el país perderá más del 1 % de su Producto Interno Bruto (PIB), que actualmente se ubica en 124 mil millones de dólares.
La cifra la proporcionó Juan Carlos Vega, ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGP), quien señaló que esta cifra estimada de pérdidas se produciría en un escenario en el que el fenómeno de El Niño llegue con gran intensidad y provoque daños en al menos 2 millones de hectáreas de cultivos.
Incluso si la intensidad es media o moderada se estiman daños en los sectores agrícolas de las provincias de Manabí, Guayas y Los Ríos entre 500 mil 800 mil hectáreas.
Vega señaló que, de acuerdo con los pronósticos nacionales e internacionales, el fenómeno de El Niño comenzará en el país en octubre del 2026 y se estima que adquiera una mayor intensidad en enero del 2027; aunque, advirtió que también es posible “que no pase nada”.
Ecuador se prepara para el fenómeno
Para prevenir los posibles impactos sobre la producción agropecuaria, acuícola y pesquera que podría dejar el fenómeno, el MAGP presentó el Plan de Contingencia ante el Evento de El Niño 2026–2027, que incluye la implementación de un seguro agrícola y una serie de acciones para preparar a la población ante lo que podría ocurrir.
El Plan se basa en el análisis de antecedentes históricos, información climática nacional e internacional y escenarios de riesgo que permiten identificar los territorios con mayor susceptibilidad a inundaciones, movimientos en masa, afectaciones sanitarias, daños a infraestructura productiva y pérdidas económicas en el sector agrícola.
El objetivo es que las instituciones nacionales y locales se preparen, se mantenga el monitoreo de las condiciones climáticas, se articule entre actores públicos y privados, que se difunda información sobre los riesgos y se proteja económicamente a los productores.
“Lo primero que hemos hecho es un levantamiento planimétrico para determinar cuáles serían las áreas afectadas, con diferentes niveles de fuerza que venga el fenómeno; primero debe existir un plan de evacuación de las aguas y definir factores preventivos”, señaló el ministro Vega.
Seguro para el sector productivo
Con el objetivo de que las pérdidas para los sectores productivos sean menores, el Gobierno ha implementado un seguro agropecuario subvencionado, el cual les garantizará la devolución del monto invertido en la siembra.
Melissa Larrea, gerente de Agroprotege, informó que se contempla la suscripción de aproximadamente 14.937 pólizas de seguro agrícola y pecuario a nivel nacional, con cobertura en los dos sectores.
De manera complementaria, el proyecto ejecutará procesos de capacitación y socialización dirigidos a más de 47.000 productores, con el propósito de fortalecer sus conocimientos en torno a los beneficios del aseguramiento agropecuario, los procedimientos de acceso a las coberturas y los mecanismos de reporte de siniestros.
Juan Carlos Vega informó que, si se toma en cuenta el cultivo de una hectárea de arroz cuesta entre 1.600 y 2.000 dólares, este es el monto que recibirán los productores afectados por las inundaciones, dinero que les permitirá volver a invertir el próximo año.
La situación se puede agravar
Si este año el fenómeno de El Niño llega con intensidad, se espera lo haga igual por lo menos por los próximos dos años, así lo aseguró Renzo Galgani, representante en Ecuador del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), entidad que estudia cómo el cambio climático afecta a la región.
“Esta variación de 1 o 2 grados sobre el clima va a generar variaciones climatológicas que afectarán nuestra forma de vida normal, las fases de transición entre El Niño y La Niña y estas condiciones van a generar complicaciones en nuestra forma de vivir, entre ellos los alimentos”, puntualizó el experto.
Para trabajar en mecanismos que mermen las afectaciones del cambio climático, se ha creado el proyecto Rumbo Ecuador, que aglutina a los productores, la academia y el sector público, que actualmente se centran en generar una agricultura climáticamente inteligente, que se adapte a que está por venir.








