
Cuenca con sus 465 años de fundación tiene que asumir con firmeza la decisión de construir su destino con identidad propia. El centralismo no puede seguir imponiendo políticas de marginación, o que arrasen con el patrimonio natural y los recursos hídricos, frenen el desarrollo turístico o desmantelen la industria local liberando el control de calidad de productos importados o nos arrastren por la pendiente de la corrupción, la inseguridad y relaciones de nuevo colonialismo con el poder central.
Tenemos el deber de reposicionar a Cuenca en el contexto nacional y para ello necesitamos de voces que señalen un nuevo rumbo para el país y primero contra la corrupción y la impunidad, los pactos políticos sucios entre los mismos de siempre y condenar tanta arbitrariedad, cinismo y sinvergüencería. No pueden acostumbrarnos a vivir en un ambiente mafioso infestado de basura política donde se hacen leyes para enriquecer a pocos y hasta para legitimar el retorno de capitales de origen oscuro con simples declaraciones tributarias.
Para ello la ciudadanía y las autoridades, debemos preocuparnos por tener las mejores escuelas, colegios y universidades del país, escoger el camino del desarrollo de las artes y las expresiones culturales, ser una luz en medio de tanta oscuridad y mediocridad. Construyamos una comunidad donde la limpieza y salud integral sea la consigna, con los mejores servicios públicos y que lleguen a todos, con aguas y aire limpios, recobremos la soberanía alimentaria, protejamos a la artesanía y manufactura y realicemos el derecho a la ciudad con democracia.
Urge plasmar estos conceptos en el ordenamiento territorial, no debe dilatarse más la protección de los páramos, bosques y fuentes de agua, así como sentar las bases para la gestión integrada e integral de las cuencas hidrográficas para prevenir los riesgos. Todo esto es posible hacer si se logra una mínima unidad y confluencia en una plataforma común solo mirando por los intereses de Cuenca y sobre todo desde la convergencia de las organizaciones cívicas ciudadanas.
Cuenca no puede seguir en el inmovilismo y las actitudes diletantes, siendo urgente convocar a un diálogo para concertar acciones para enfrentar el trato injusto del centralismo agobiante y arbitrario. (O)