El interruptor de la luz está colocado en un lugar absurdo —detrás de la puerta, obligándote a contorsionarte en la oscuridad— y, tras un par de semanas de protestar en voz baja, terminamos por aprender el movimiento. Nos adaptamos al error. Dejamos de verlo. Así, palabras más, procesos menos, poco a poco hemos construido un …










