La celebración rutilante del fútbol irradia en estos días desde tres países convocantes: Estados Unidos, Canadá y México, como una catarsis que vence los miedos y el tránsito cotidiano. Con todos sus ángeles y demonios. En una convocatoria que concita la atención ecuménica. En un espectáculo en donde se contraen y reproducen las bondades y …








