Estamos programados a pensar que los problemas son lo que más atención merecen. Y tiene sentido. Lo que falla incomoda, interrumpe y exige una respuesta. Los problemas hacen ruido, se notan, nos obligan a actuar. Lo que funciona, en cambio, suele pasar desapercibido. Está ahí, cumpliendo su función sin fricción, sin urgencia, sin necesidad de …










