Madeleine Valle
En un escenario que parecía no tener límites, en el estadio Levi’s Stadium de Santa Clara, California se vivió un momento inolvidable que hizo vibrar a toda América Latina con la presentación de Benito Martínez, mejor conocido como Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl.
Cientos de personas, vestidas de blanco bailaron con frenesí algunos de los temas más sonados del cantante boricua y recrearon un ambiente electrizante que se sintió en todo el mundo y en menos de 14 minutos que duró el show, el ‘Conejo Malo’ logró trasmitir todos los símbolos que definen la marcada identidad puertorriqueña, en un mensaje que recalcó el amor por encima del odio y la unión entre los países que integran nuestro continente americano.
Plantaciones de caña de azúcar, carritos con comida, vendedores de raspados y de agua de coco, comercios de barrio, barberías, boxeadores callejeros, gente mayor jugando dominó, fruterías y más elementos de la cultura boricua fueron recreados magistralmente para llevarnos a un viaje imaginario lleno de música, tradición y sabor con destino a Puerto Rico.
Llamó mucho la atención la puesta en escena de la típica boda latina bien concebido entre alegres coreografías, donde se veía a los novios cortando el pastel, invitados de todas las edades también bailando y un niño aburrido dormido sobre varias sillas, algo muy común en nuestras celebraciones.
Causó total admiración la sorpresiva presentación de Lady Gaga, quien hizo rugir a la audiencia al bailar salsa con Bad Bunny y luego la actuación de Ricky Martín para celebrar la fuerza y el poder de nuestra región. Un mensaje que cobró aún más significado cuando Benito le entregó su Grammy a Líam Cornejo Ramos, el niño de cinco años que fue detenido por ICE hace poco, demostrando que la música puede ser un poderoso medio de resilencia ante políticas denigratorias contra los derechos de los latinos residentes en Estados Unidos.
Pero lo más emotivo de la presentación musical del Conejo Malo fue ver las banderas de nuestros países latinos, agitándose como en una revolución cultural, trasmitiendo un claro mensaje y una huella cantada totalmente en español a millones de espectadores.
Un show épico, vibrante y memorable, que nos recordó que la música es un lenguaje universal que puede unir corazones, sin importar el credo, la religión y las políticas migratorias. Un espectáculo que nos hizo sentir orgullosos de nuestras raíces latinos y que nos inspira a seguir soñando en grande.












