Chaucha, alejada de todo y ahora más de la educación

En estos pupitres recibían clases los estudiantes antes de que se declarara la emergencia sanitaria en Ecuador. Andrés Mazza/El Mercurio

“¿Las clases van a ser presenciales?”, es la pregunta que más repiten las madres cuando llegan a la Unidad Educativa San Gabriel de Chaucha, en donde desde hace un año las aulas están vacías.

La duda de si la enseñanza volverá a la interacción física entre el estudiante y el profesor es una constante en Chaucha, la parroquia rural más lejana del cantón Cuenca.

La experiencia de vivir la educación a través de la virtualidad no fue buena, según las palabras de los padres y las madres, de los profesores, de las autoridades que gobiernan la parroquia y, por supuesto, de los propios estudiantes.

La mala experiencia no solo se experimentó porque no hay los recursos tecnológicos para seguir las clases a través de una pantalla, sino que la conectividad es un problema todavía mayor.

La señal de internet, así como las carreteras que conducen a Chaucha, es de tercer, de cuarto y hasta de quinto orden.
Si la neblina baja, que siempre ocurre en invierno y a la par con la época del régimen educativo que tiene la parroquia —Costa-Galápagos—, el internet se va. Y si llueve, la conexión se pierde; y si se vive en la altura, no hay internet.

publicidad
La señal de internet, así como las vías de Chaucha, son un problema para la parroquia más alejada de Cuenca. Andrés Vladimir Mazza

Un servicio lujoso

Cuando se declaró la emergencia sanitaria en Ecuador, los 340 estudiantes que tiene Chaucha, según datos de la Coordinación zonal 6 del Ministerio de Educación, estaban de vacaciones. Sus clases, a diferencia del régimen Sierra-Amazonía, se desarrollan entre mayo y febrero.

Entonces al llegar la pandemia y los estados de excepción, los estudiantes empezaron con sus clases de manera virtual. Pero antes de ello ya se sabía que esto sería un problema.


Chaucha está integrada por 20 comunidades, de las cuales solo tres cuentan con internet: San Antonio, San Gabriel y el Cedro. Pero decir que hay el servicio, no significa que haya una conexión estable.

Por la ubicación de la parroquia y sus comunidades, la conexión a internet es casi nula en la zona. Andrés Vladimir Mazza

Incluso así, los representantes de los estudiantes han tratado de sobrellevar la situación para que puedan conectarse a las clases virtuales; sin embargo, han sido pocos, ya que no solo es cuestión de intentarlo.

En Chaucha hay tres empresas que ofrecen internet: una de ellas es pública y está en el centro parroquial, y las otras son privadas. Estas dos últimas tienen su costo: en la primera el derecho para acceder es de 280 dólares y en la segunda de 80 dólares. El mensual, en ambas, es de 30 dólares.

El dinero no sobra en Chaucha. Según los datos del Sistema Nacional de Información, el 92,70% de los pobladores, que son un poco más de 1 600 según el último registro realizado en 2015, son pobres.

¿Cómo pagar por un servicio que con la llegada de la pandemia se convirtió en esencial? ¿Cómo escoger entre la comida y el internet? ¿Cómo pagar por este servicio si no hay dinero?

Vacíos

Si se superase el problema de la conectividad, todavía hay otros inconvenientes en el camino, puntualiza Merly Cobos. Ella es la encargada del Infocentro de Chaucha, a donde han llegado padres, madres y estudiantes a pedirle ayuda.

“Si hubiera internet, habría problemas. Los padres no saben cómo explicar a sus hijos las tareas. Los adolescentes quizá buscan hacer solos, pero con los niños hay que estar junto a ellos, o si no, no aprenden nada”, dice Merly, quien se ha convertido en la profesora de varios infantes.

Merly se convirtió en la profesora de varios niños de la comunidad de San Antonio de Chaucha. Andrés Vladimir Mazza

Les enseña las vocales, a sumar, a restar, a escribir. Merly nunca pensó en ser maestra, pero es la única manera que ella conoce para ayudar. “Para mí es gratificante ayudar, porque quiero que salgan adelante y ayuden a la parroquia a prosperar”, dice Merly.

No obstante, la joven que se convirtió en maestra continúa preocupada, porque un nuevo año lectivo está por empezar, y las dudas que intenta responder a los estudiantes son básicas.

Esas dudas, que no pueden ser respondidas en su totalidad, son las que está dejando el aprendizaje virtual. Y de ello ya se han dado cuenta los representantes de los estudiantes, quienes tampoco saben cómo ayudar, pues su instrucción educativa solo llegó hasta la escuela y, en el mejor de los casos, hasta el colegio.

Ayuda

Ante la realidad, soluciones o al menos posibles soluciones. Así lo pensaron las madres de San Antonio, una de las comunidades más grandes de Chaucha, quienes se reunieron para contratar a alguien que les ayudara, de alguna manera, a llenar los vacíos de la educación a través de la pantalla.

Las madres escogieron a María Morocho, una mujer que siempre le ha gustado trabajar con niños. Fue entonces que María primero se convirtió en la intermediaria de la maestra de la escuela Ecuador Amazónico (la única de San Antonio), y luego en la profesora de los niños que tenían dudas.

“La maestra me enviaba las tareas a mí o las fichas pedagógicas y las imprimíamos para entregar a los niños, luego yo les indicaba lo que tenían que hacer y entregábamos los deberes”, dice María.

María utilizaba la escuela para ayudar a los niños a realizar sus tareas. Andrés Vladimir Mazza

La pedagogía de María era sencilla: revisar lo que había enseñado la profesora, buscar en internet, indicarles a los niños y hacer las tareas. Todo este trabajo lo hacía entre dos y tres horas a la semana.

“Es bastante difícil porque los niños no captan todo. Quedan muchos vacíos. Entonces lo que yo hago es profundizar en lo que vieron para que entiendan”, agrega ella.

El trabajo de María ha ayudado: los niños que sabían lo que debían hacer ya no regresaron, y si regresaron fue solo para consultarle cosas puntuales. Ahora María no sabe si los padres de los niños la volverán a contratar para el nuevo año lectivo. Ella está dispuesta a volver, porque además de que le gusta, le pagan por el trabajo que no hay en Chaucha.

Regreso a las aulas

La Unidad Educativa San Gabriel es la institución más grande de Chaucha. Tiene 200 estudiantes inscritos, 11 profesores y es la única que oferta el Bachillerato. La mitad de los maestros son oriundos de la parroquia, y conocen la realidad de los estudiantes.

Para el rector de la unidad educativa, Luis Saquinaula, todo el año lectivo, que empezó en junio de 2020 y finalizó en febrero de este 2021, ha sido una experiencia difícil. Intentaron de varias maneras ayudar a los estudiantes: desde la entrega de material impreso hasta visitas por parte de los profesores en las casas de los niños y adolescentes.

Pero Saquinaula insiste en que la educación presencial es la mejor opción en Chaucha ya que, a más de la interrelación social y educativa, se puede asegurar que los niños y adolescentes estudien.

“Muchos padres de familia han mandado a trabajar a los niños. Hay estudiantes de tercero de Bachillerato que están trabajando y por allí se conectan. Esto ha servido para que los padres se desentiendan de la educación a los hijos”, dice el rector.

Sin internet, sin conocimientos, sin tecnología, hay más posibilidades de la deserción escolar. Por lo menos en la Unidad Educativa San Gabriel dos estudiantes se retiraron.

Toda esa realidad impulsó a la institución liderada por Saquinaula a solicitar el retorno de las clases presenciales. Hay por lo menos 50 padres y madres de familia que desean que este año lectivo, que empieza el próximo 7 de mayo, sea presencial.
Sin embargo, con las nuevas disposiciones del Comité de Operaciones de Emergencia nacional, los estudios presenciales siguen suspendidos.

“Nos preocupa la situación porque los chicos se están graduando sin saber nada, no hay un aprendizaje autónomo. No hay cómo avanzar en contenidos con las fichas del Ministerio de Educación. La mejor educación es la presencial”, dice Luis.

Para el rector y para las autoridades del gobierno de Chaucha que han intentado ayudar con internet a los estudiantes, las diferencias entre la educación rural y la urbana, entre la educación pública y privada, siguen acrecentándose.

Cómo buscar un cupo en la universidad pública, cómo profesionalizarse, si el estudiante de Chaucha pasó su último año del colegio frente a una pantalla (en el mejor de los casos). ¿Cómo rendir el examen de acceso a la educación superior si las fichas pedagógicas no profundizan en las matemáticas y en la comprensión?

Para las familias que están conscientes de la situación, la única manera de tener una oportunidad en el sistema de educación es que los estudiantes retornen a las aulas. (I)