El bien y el mal

Hernán Abad Rodas

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Creo que la naturaleza humana no es buena ni mala intrínsicamente, es potencialmente buena o mala, y, en cada uno de nosotros considero, se revela como una mezcla del bien y del mal. Las proporciones varían, pero normalmente tanto el bien como el mal, están en cierta medida presentes.

“Los confucianos chinos Mencio y Hsun Tzu, expusieron dos doctrinas opuestas sobre la naturaleza del hombre; el primero sostenía la idea de la bondad original y el segundo, el concepto del mal original. Estos dos conceptos también pueden encontrarse en el mundo occidental.

Los que sustentan la teoría del bien original, insisten en que una fuerza exterior controla al hombre, mientras los que sostienen la idea del mal original, niegan que exista tal control, y asignan toda la responsabilidad a la naturaleza humana.

El budismo enseña que toda vida, incluso la de Buda, que poseía las más nobles cualidades, comprende una naturaleza buena y otra mala. Posiblemente nunca haya habido un ser humano real, íntegramente, bueno o malo.

Desafortunadamente, la base de las emociones es el egoísmo, que nos impide hacer lo que sabemos que es bueno, y nos induce a cometer actos que sabemos que son malos. Este egoísmo o amor por uno mismo, puede extenderse o abarcar a la familia, a los compatriotas, a toda nación o raza.

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La afirmación que hace la mayoría de las religiones, de que el hombre debe orientarse hacia el amor universal, a menudo se queda en conocimiento teórico, mientras que el egoísmo continúa dominando al individuo.

El progreso que nosotros llamamos modernismo, está basado en la técnica, en la ciencia, y en el manejo impersonal del poder; no se trata de un mejoramiento de la moral, de la ética.

Todo desarrollo tecnológico aporta un incremento del poder, y éste puede usarse tanto para fines buenos como malos. El rasgo más alarmante de la actual sociedad, es el hecho de que el poder conferido por la técnica ha aumentado en una medida sin precedentes, en tanto que el nivel de la conducta moral o inmoral de los hombres que esgrimen ese poder, permanece estacionario o tal vez ha declinado.

La experiencia que uno tiene de sí mismo y de otras personas, en relación con el bien o el mal, revela que se libra una pugna constante entre estos dos impulsos en todo ser humano; esta lucha comienza al emerger la conciencia y termina sólo con la muerte.

Considero que el mal es un estado de INCONSCIENCIA PERMANENTE. (O)