Es grave cuando, en un Estado que se dice Constitucional de Derechos y Justicia, prima la conveniencia, el ajuste y el acomodo. Y no de una sola persona, a veces de muchos. Dejando a un lado el concepto cívico de país.
Cuando usted asume una función pública y, por razones extremadamente sensibles, su perfil es cuestionado —y usted prefiere la Patria— presenta su renuncia, da un paso al costado y comprende que hay intereses superiores al personal. Sus colegas hacen lo propio: no inundan de inestabilidad o caos al Estado. Resuelven. Asumen. Evitan el show. Toman un rol institucional antes que mediático o de conveniencia.
Expliquemos. El 7 de febrero de 2024, mediante la Resolución 01-2024, la Corte Nacional de Justicia resolvió encargar —volvamos a leer: encargar (es decir, no hay titular)— la Presidencia de la Corte. Esto se hizo ante la imposibilidad de elegir a un presidente titular por no contarse con el número suficiente de jueces titulares para elegir que exige la ley (doce).
Esta resolución se dictó mientras discurría el proceso de concurso para designar a nuevos jueces titulares de la Corte, que posteriormente fue declarado nulo por el Consejo de la Judicatura. La resolución expresamente dice: “(…) este encargo implica que las autoridades encargadas ejercerán todas las atribuciones que constitucional y legalmente le corresponden (…) hasta el nombramiento de los jueces titulares del Pleno, en número suficiente para sesionar y elegir Presidente (…)”. Un encargo hasta tener conformación completa del Pleno. Es decir, subordinado a que ocurra un hecho futuro.
Clarísimo. Se ha construido una regla jurídica: la existencia de la figura del encargo hasta la realización de un hecho. Pero la persona encargada (sea Juan o María) no ha obtenido una especie de estabilidad o derecho subjetivo de permanencia; al contrario, siempre va a depender de que se mantenga la voluntad de quienes lo encargaron. Repitamos: encargaron. Llamémosle: la confianza. Entonces, si la Corte perdió la confianza en el presidente encargado, puede emitir una nueva resolución y encargar a otra persona, respetando la regla creada, pues las normas son impersonales.
También, si el actual presidente encargado respeta al país, puede renunciar y salir por una puerta menos estrecha que la de atrás. (O)
@jchalco










