Sensación de vacío de poder

Han sido de vértigo estas dos primeras semanas de enero de 2026.

Un presidente de la república ausente por vacaciones durante 18 días, algo nunca registrado desde la reanudación de la democracia.

Si bien la presidencia fue encargada a la vicepresidente María José Pinto, hay una sensación de vacío del poder; como que el país camina a la deriva, sin liderazgo, sin un norte definido, acostumbrado al silencio, al secretismo oficial.

En las altas esferas donde se toman decisiones se percibe una especie de anomia, o donde les basta un mensaje por X para comunicar algo o para reaccionar ante tal o cual crítica.

No se sabe cuál es la percepción a nivel internacional ante tan largas vacaciones presidenciales, mientras casa adentro la ola criminal invade hasta territorios supuestamente inexpugnables para asesinar a personajes mafiosos, habitúes, quién lo creyere, de esos lugares destinados a gente pudiente, con influencia en la política.

La hediondez impone su firma en la justicia, en cuyas cúpulas el tráfico de influencias, el pago de favores, los nombramientos de personajes oscuros, con pasados inconfesos, siembran nefastos precedentes.

Frente a semejante panorama hay un gobierno titubeante. No quiere asumir su responsabilidad, y extiende hasta donde puede el cobijo para que el o los involucrados, en cuyos nombramientos mucho tiene que ver, esquiven la vindicta pública.

Los indicios de corrupción tocan a personajes ligados al movimiento político del gobierno; pero no hay un presidente que corte por lo sano estas malas raíces que minan su alicaída credibilidad.

Tampoco es factible que un gobierno consuma sus energías haciendo no solo lo imposible sino hasta lo ilegal para doblegar a diario Expreso, y, de paso, atentar contra la libertad de prensa.

El Ecuador necesita de un presidente presente, no ausente; que gobierne dando la cara, no tras la cortina, ni abusando del descanso.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO
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