Ciudad prostituida

No se trata de gustos, tampoco de colores y mucho menos de doctores. Se trata de sentido común. Se trata de custodiar los valores culturales y ambientales de una ciudad reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad. De proteger la calidad de vida de sus habitantes y abrirnos a un turismo que valore la posibilidad de disfrutar espacios con identidad, costumbres y tradiciones que giran en torno al cuidado del bien común, al espacio público y sus paisajes. Lo que se presentó como propuesta “por amor a Cuenca” en las fiestas de Navidad y fin de año fue, en realidad, una tortura estética: una oda al consumismo más burdo y una agresión ambiental y patrimonial. En nombre del turismo, la ciudad ha sido prostituida, mientras la gentrificación del centro histórico avanza y se pretende venderla como un producto más, bajo un modelo homogenizado y arrasador. Fuera de temporada, los parques y espacios públicos se han convertido en mercadillos de productos repetitivos, sin identidad. Incentivar ingresos familiares es necesario, sí, pero no a costa de sacrificar lo que nos distingue, ni de matar a “la gallina de los huevos de oro”. La presión sobre el patrimonio natural –parques, ríos y áreas protegidas–, la generación de basura y el tráfico en temporadas altas evidencian la ausencia de estrategias serias. No basta con pedir a los visitantes que “se porten bien”; se trata de sostener con delicadeza la singularidad y el alma de una ciudad que no admite la folklorización de su cultura ni de su gente. No se trata de vender la ciudad al mejor postor, sino de defenderla con dignidad mediante políticas que respeten su esencia, sus valores patrimoniales y que fortalezcan la acción ciudadana. (O)

Lcda. Ana Abad R.

Lcda. Ana Abad R.

Periodista, editora y correctora de estilo; es parte del grupo editorial Quillca editores. Ha publicado investigaciones sobre cultura popular y artesanías. Es directora de contenidos del Portal Digital Voces Azuayas.
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