Salud y dignidad humana

La salud pública, convertida en derecho humano y solemnemente proclamada por los organismos internacionales, no se sostiene con moralinas ni con la redistribución del esfuerzo individual. Es el gasto mayor del Estado, porque el cuerpo del pueblo no es una mercancía ni un favor: es el primer bien común. Todo lo demás, es retórica si el ciudadano enfermo queda fuera del cálculo.

El deber ineludible de todo gobierno es proteger la salud de la población con solvencia, planificación y eficiencia. Ello será posible si se establece la prioridad de la salud sobre las demás metas que se ofrecen con ligereza en los discursos y que, una vez alcanzadas las poltronas del poder, por elemental honestidad y humanismo, deberían anteponerse a las obras de lucimiento inmediato y a los mezquinos réditos políticos futuros.

La crisis de la salud pública ha ido de tumbo en tumbo: protestas internas, enfrentamientos entre estamentos, cambios constantes en los mandos medios que, lejos de solucionar problemas, han obedecido más a cálculos políticos que a criterios técnicos. En el actual gobierno, estos reclamos se han agudizado hasta el extremo de constatarse en algunos hospitales la ausencia incluso de placebos para engañar a los pacientes.

El HVCM resume esta decadencia: escasez de insumos, de instrumentos y de personal, y una danza grotesca de autoridades, cambiadas como pañales, para complacer a superiores que proclaman que ya se ha dotado de medicinas. Cuando la improvisación se vuelve norma, la muerte deja de ser un azar y pasa a ser una consecuencia.

¡Señor Gobernador!: desista de su incesante picoteo con los otros dos gallos de pelea y asumasu responsabilidad política, elevando estos reclamos al Gobierno para enfrentar un problema que, al igual que la delincuencia, mantiene en zozobra y mata a los conciudadanos. Bien harían en escuchar las declaraciones serenas pero contundentes del académico y médico de Emergencias del HVCM, AlbertoMartínez, profundo conocedor de esta casa de salud, quien con sobrados méritos debería dirigirla.

¡Señor Presidente!: deje de pasearse por el extranjero y de responder a cada insulto con nuevos insultos, ya provengan de fuera del país o de su propio rebaño. Afine, más bien, el oído para escuchar la voz del pueblo que sufre: el que yace en el dolor, el que sobrevive al borde de la muerte.

Ponga al frente del Gabinete de Salud a una ministra como las que hubo en el pasado; no a expertas textiles ni a magísteres empresariales que, con toda seguridad, no saben siquiera para qué sirve la hierba-Luisa. (O)

Dr. Edgar Pesántez

Dr. Edgar Pesántez

Médico-Cirujano. Licenciatura en Ciencias de la Información y Comunicación Social y en Lengua y Literatura. Maestría en Educomunicación y Estudios Culturales y doctorado en Estudios Latinoamericanos.
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