A taparse la nariz

En un Ecuador sin tiempo para reaccionar, donde casi todos se hacen de la vista gorda, donde se ha renunciado a la capacidad de indignarse, y otros dicen para qué si nuestra voz es un quejido en el desierto, pronto se conocerá al nuevo fiscal general del Estado.

Cuando ya ni siquiera importa la desvergüenza y el qué dirán, una comisión de menos que mediocres, de imberbes, de perdedores de año, elegirá a aquella máxima autoridad en el campo judicial.

Aquel es un cargo destinado únicamente para los probos, para los decentes, para los de amplia experiencia, para los catedráticos de verdad, para quienes la preparación académica va más allá de acumular maestrías, PHD o cursos; para los que escogieron el Derecho por convicción y lo ejercen con ética y decoro, sin fines políticos, peor de rendirse ante el acoso, la presión o el dinero. En conclusión: de una probidad absoluta. Pongámosla con mayúsculas: de Probidad Absoluta.

Es el Ecuador inimaginable. No importa si es el “nuevo Ecuador” o el “viejo Ecuador”. A la final resulta ser el mismo campo de estiércol solo que con diferentes moscas. 

Por las tranqueras nos metieron ese engendro llamado Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. No ha resultado ser más que una evaporadora en la cual hierve toda clase de inmundicias, atizado el fuego por demonios de todo pelambre político y mafioso; últimamente por arlequines, por no decir pelafustanes, al servicio de poderes ya ni siquiera ocultos.

Revestido de atribuciones supra poderosas, integra comisiones, veedurías y más entelequias en nombre de la participación ciudadana. Para ser parte de ellas acude gente de toda laya en busca de un golpe de suerte, como el que le ofrece las funciones del Estado, y todo ese pelambre de filibusteros ávida de tener espacios y capacidad de maniobra.

Integró una comisión para designar al nuevo fiscal general. Ha resultado ser una comisión burda, plagada de neófitos, de quienes únicamente cumplirán el encargo exigido por sus mandamases.

Sí; como si a los burros, con el permiso de estos animales, les pusieran a elegir al capitán de un navío. ¡Por Dios!

Las moscas son negras y tienen alas plateadas; pero no por ello dejan de ser moscas, volando donde todo huele mal.

Pero qué. Estos alfiles de medio pelo tienen cerebros de teflón: todos les resbala. Como que el fiscal general ya está designado con antelación. Ningún doctor en Derecho, probo, honesto, hasta por respeto a sí mismo, querrá participar en un concurso en el cual taparse la nariz con ambas manos no basta.

¿Y el país? Pues, nada; viendo por el cielo volar “golondrinas preñadas”. (O)

Lcdo. Jorge Durán

Lcdo. Jorge Durán

Periodista, especializado en Investigación exeditor general de Diario El Mercurio