Bueno, ahora sí esto se descontroló. Como siempre, en este bello país ocurren errores y horrores. Sí, como lo digo. Después de diversos líderes que han querido inventar el agua tibia en materia de comunicación, ahora nos cae como baldazo de agua helada unas directrices de las gloriosas Fuerzas Armadas.
Resulta que los milicos han establecido una categoría, similar a esos semáforos que aparecen en los empaques de comida, para ubicar en una escala a los periodistas. Vamos a resumir para no alargar el tema.
Si un periodista es crítico con la institución y denuncia acciones turbias, déjeme decirle que será vetado. No podrá realizar material periodístico sobre los coshcos. ¡Patada en las posaderas!
El otro nivel es el miti miti. Es decir, el que hace notitas relacionadas con las Fuerzas Armadas, pero medio light, como dicen por ahí. Notas tibias, suavitas, que no atenten contra la imagen institucional. Eso sí, será supervisado constantemente para evaluar la intencionalidad del trabajo periodístico.
Y al final de la escala están los medios formato agencias de relaciones públicas. En esa categoría entra el periodismo estilo publirreportaje. Esos que abordan temas de bajo impacto mediático y donde el manejo del mensaje lo impone la institución. Ellos sí tendrán toda la apertura para sus coberturas.
Carambas. Parece que ahora sí se pasaron de la raya. Ese criterio de medir, como si fuera termostato, el tratamiento de la comunicación es una afectación directa a la libertad de expresión. Esa medida hay que analizarlo con cabeza fría. No es sano para una democracia.
¡Hable serio, mi coronel! (O)









